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  • Pinocho y el enorme muro de agua del salvaje río Tocantins

    Pinocho y el enorme muro de agua del salvaje río Tocantins

    ¡Rumbo al corazón verde de Brasil!

    Con sus piernecitas de madera más bronceadas que nunca y una camiseta de flores tropicales, el incansable Pinocho se adentró en las profundidades de la inmensa selva brasileña para conocer a otro grandísimo río escondido entre la espesura: el poderoso río Tocantins. Este cauce kilométrico avanza serpenteando desde el centro de Brasil cortando selvas infinitas, sabanas doradas y valles misteriosos hasta acabar mezclándose con las aguas del enorme estuario del Amazonas.

    Flotando sobre un precioso tronquito de caoba tallado por los indígenas del lugar, Pinocho miraba fascinado los enormes tucanes de picos amarillos y naranjas que volaban en filas organizadísimas por encima de su cabecita, como si le estuvieran organizado un desfile aéreo de bienvenida.

    ¡Un muro gigantesco que frena al río entero!

    De pronto, la corriente empezó a frenarse poquito a poco hasta que Pinocho notó un rugido enorme a lo lejos: ¡BRUUUUMMM! Al asomarse por una curva, se quedó completamente boquiabierto. Delante tenía la colosal Presa de Tucuruí, ¡una de las represas más grandes de todo el planeta Tierra! Era un muro de hormigón tan descomunal que cortaba el río de lado a lado, creando un lago artificial tan inmenso que no se veía el otro extremo, y las toneladas de agua que caían por sus compuertas hacían temblar la selva entera.

    Mientras contemplaba alucinadísimo aquella maravilla de la ingeniería humana sentadito en su tronquito, un bichito verdísimo y elegantísimo se posó muy curiosa y delicadamente sobre su larga nariz de madera. ¡Era una preciosa insectita de ojos enormes! Pinocho se quedó quieto quietísimo y canturreó bajito para no asustarla:

    «Sin moverse un pelín para no asustar a su amiga la mantis,
    Pinocho admiró los enormes saltos de agua del Tocantins»

    La elegante mantis religiosa verde giró su cabecita triangular con muchísima gracia, como asintiendo encantada al poema del niño de madera, y las ranitas tropicales de la orilla la acompañaron con un concierto croante espectacular desde los nenúfares.

    ¡Saltando la presa hacia nuevas aventuras!

    Tras despedirse con un soplido muy suavecito para que la mantis volara elegantemente de vuelta a su hoja favorita, Pinocho encontró un caminito lateral para esquivar la presa gigante y retomar las aguas bravas del otro lado. Aún le quedaba muchísimo río por descubrir antes de fundirse con el gran Amazonas.

    Acuérdate siempre de quedarte quietecito cuando la naturaleza te regale una visita inesperada, amiguito explorador, ¡porque los bichitos más pequeños guardan los secretos más grandes de toda la selva inmensa!

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  • Pinocho y el grandioso puente colgante del poderoso río Orinoco

    Pinocho y el grandioso puente colgante del poderoso río Orinoco

    ¡Rumbo al gigante río de las tortugas charapas!

    Siempre con muchísima energía y moviendo ágilmente sus bracitos de madera, nuestro queridísimo Pinocho continuó paseando por todo el caluroso corazón de Sudamérica. Esta vez, se lanzó de bomba para refrescarse en las increíbles y azuladas ondas de Venezuela, nadando en los inmensísimos caudales del fabuloso río Orinoco. ¡Es uno de los ríos más largos y caudalosos de todo el continente y el hogar de millones de simpáticos animalillos salvajes!

    Remando despacito montado a lomos de un caimansito chiquitito de juguete que encontró perdidillo en la orilla, Pinocho alucinaba mirando las gigantescas tortugas charapas. Se pasaban todo el santísimo día tumbadas encima de los troncos asomados tomando el solecito de lo lindo.

    Dos tesoros enormes, uno antiguo y otro colgado

    Al llegar a la histórica y bella Ciudad Bolívar, el niño de madera pegó un salto grandísimo con la boca abierta: ¡El río estaba cruzando por un gigantesco monstruo de acero! Se encontró justo debajo del altísimo Puente de Angostura, el puente colgante más imponente que cruza el agua balanceándose majestuosamente entre dos inmensas torres. Y asomando entre las preciosísimas casitas coloniales teñidas de colores intensos de esa misma ciudad, brillaba la espléndida Catedral de Santo Tomás con sus grandiosas paredes blanquitas como la inmaculada nieve.

    Emocionadísimo con tantísimos lugares y olores sabrosos flotando maravillosamente cerca del monumental puente, sacó un plato que le prepararon las señoras y nos regaló cantando una rima muy hambrienta:

    «Lamiéndose el dedo y zampando un súper rico pabellón criollo,
    Pinocho paseó feliz todo el ancho e interminable Orinoco»

    Los preciosos pajaritos coloridos, asombrados ante esa simpatiquísima canción del amiguito viajero de la larga nariz de madera, revolotearon sin descanso por toda la colosal plaza de la Catedral celebrando aquel riquísimo y hambriento concierto.

    ¡Rumbo hacia la alucinante llanura infinita!

    Devorando el último granito de arroz contentísimo, dio palmas de alegría a su caimansito balsa para saltar a rebotar por la asombrosísima infinidad del curso hacia la selva y el brillante Caribe gigante sin un solo descanso.

    Lleva muchísima salsa siempre rica escondida en las alforjas tuyas, curioso explorador soñador de las maravillas, ¡porque todo rincón majestuoso gigante que cruces con puente será muchísimo mejor con sus alegres platos y amigazos cantores!

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  • Pinocho y el poético paseo bajo los árboles del inmenso río Don

    Pinocho y el poético paseo bajo los árboles del inmenso río Don

    ¡Rumbo al ancho río de las grandes planicies!

    Inasequible al cansancio y siempre cargado con mil ganas de hacer nuevos simpáticos amiguitos, el divertido viajero de madera, Pinocho, aterrizó en el rincón sureste de Europa para sumergirse en la enorme tranquilidad del fabuloso río Don. Es un gigante y pacífico río anchísimo y muy largo, rebosante siempre de viejos barcos pesqueros y de paisajes que quitan absolutamente todo el hipo a los grandes pintores.

    Flotando esta vez en una pequeña camita de salvavidas hinchable para no hundir sus piernecitas de madera, el alegre explorador veía pasar enormes y preciosas cigüeñas que sobrevolaban las plácidas olas como queriendo acompañar su camino.

    ¡El callejón más verde, paseable y misterioso!

    Después de un buen trayecto entre las grandes barcas, la enorme ciudad de Rostov se abrió paso de repente ante las mismas orillas del inmenso cauce azulado. Saltando a tierra firme de un tremendo brinco, el muchachito de madera corrió hacia su famoso centro y se encontró con un camino asombroso y literario: ¡la bellísima Pushkin Street de Rostov del Don! Eran kilómetros y kilómetros enteros de una calle llenísima de frondosos árboles larguísimos, estatuas súper poéticas asombrosas y mil banquitos de hierro labrado preciosos por donde centenares de ciudadanos paseaban y hablaban sin descanso al atardecer.

    Pinocho de repente, recordando lo sumamente ancho y pacífico que era el curso de agua y lo tranquilo que se podía dormir viendo pasar esos grandísimos y artísticos paisajes esteparios de las orillas verdes, entonó una chulísima y divertidísima coplilla canalla:

    «Ronqui-roncando feliz bien tumbadito en su cómodo almohadón,
    Pinocho paseaba a sus anchas por todo el pacífico río Don»

    Unos gatitos atigrados de las calles que jugaban perezosos en los altísimos setos del preciosísimo paseo ajardinado abrieron sus grandotes ojitos como platos, asintiendo a su cantar y enroscándose gustosamente entre el verde callejeo para buscar un buen lugar de siesta reparador bajo el sol.

    ¡Pitando hacia las grandísimas puertas del sur del mar!

    Tras acariciar cariñosísimamente a la pandilla minina maulladora y despedirse muy amigablemente de todos los imponentes bustos literarios de gigantesca roca, se acomodó gustoso las bufandas y corrió de vuelta a su mágico flotador azul hasta acabar el recorrido infinito en el profundo asombro del grandísimo e histórico Mar de Azov.

    Agarra de la mano a toda tu enorme imaginación y no dejes de explorar jamás ningún hermoso rincón recóndito y enmarañado del mundo, fiel amigo curioso de los libros, pues de las raíces literarias del hermoso mundo nace toda su gran magia sin parangón.

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  • Pinocho y la gigantesca estatua guardiana del alucinante río Dniéper

    Pinocho y la gigantesca estatua guardiana del alucinante río Dniéper

    ¡Rumbo al gigante río de tres países!

    Llevado en volandas por su enorme curiosidad de madera, nuestro simpático amigo Pinocho saltó veloz hacia los grandísimos valles de Europa del Este y zambulló sus piernas alegremente en las aguas inmensas del maravilloso río Dniéper. Este increíble y kilométrico cauce cruza praderas eternas y es famoso por darle vida y muchísima energía inagotable a varios países muy grandotes a la vez.

    Dejando los botes para otro viaje, Pinocho decidió que este río merecía otra magia y ató un manojo de cañas de la orilla para formarse una mullida y cómoda balsita. Flotando dulcemente a la gran luz del verano, admiraba fascinado los saltos mortales que las grandísimas truchas daban volando encima de su cabecita puntiaguda.

    Una increíble madre plateada tocando nubes

    Al llegar remando a una grandísima curva a su paso por la impresionante e histórica ciudad de Kiev, el niño de madera frenó su balsa en seco aguantándose el sombrero de asombro absoluto. Custodiando la ancha orilla de todo el río Dniéper desde la alta colina se levantaba ¡la gigantesca y deslumbrante Estatua de la Madre Patria de Kiev! De puro altísima y grandota que era, esta escultura enorme y brillante de reluciente acero sujetaba firmemente con sus brazos una espada imparable y un imbatible escudo de guerra por encima de absolutamente toda la propia ciudad.

    Maravilladísimo por aquella enorme guerrera plateada de cuento colosal, el aventurero de madera divisó un ave blanca preciosísima aleteando a su diestra e improvisó con su habitual pillería musical:

    «Navegando hombro con hombro al ladito del más bello cisne,
    Pinocho se enamoró completamente de los paisajes del Dniéper»

    La inmensa ave de plumas blanquísimas canturreó suavemente asintiendo con su largo y flexible cuellito al hermoso poema del travieso niño, como haciéndose nuevos amigos del agua para siempre.

    ¡Hacia la majestuosa llanura del agua salada!

    Dando un reverendo saludo a la guardiana gigante plateada y aleteando la mano de gracia a su compañero animal alado de las nieves acuáticas, retomó felizmente la gran y eterna bajada en su cómodo catamarán de bambú y caña hasta ir a estamparse de salpicones al imponente Mar Negro.

    Apunta muy bien las coordenadas donde se juntan la historia de los colosales gigantes de plata y los más delicados animales marinos que existen, explorador, porque en ambos lazos nos enseña el gran planeta la más bella aventura de los inabarcables ríos.

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  • Pinocho y su baile infinito en el espectacular río Ródano

    Pinocho y su baile infinito en el espectacular río Ródano

    ¡Rumbo al río con más fama musical!

    Dando un salto con tanta energía que casi llega a tocar las nubes, el pequeño aventurero Pinocho viajó de un lado a otro por la historia y aterrizó en las claras y fresquísimas aguas del gran río Ródano. Este grandísimo río nace muy alto allí en los blanquísimos Alpes suizos para terminar resbalando por los gigantes valles franceses hasta el mar Mediterráneo.

    Flotando sobre un viejo pero robusto tronco de madera suiza, se fue fijando en los pajaritos y gaviotas que bailoteaban muy bajito casi peinando las nubes reflejadas en el agua. Todas cantaban una animada melodía que nuestro muñeco no conseguía llegar a entender pero que le hacía mover una y otra vez sus deditos de madera muy divertidísimo.

    ¡El puente misterioso cortado por la mitad y un castillo gigante de piedra!

    Llegado a un meandro muy espectacular, los ojos se le saltaron casi de la cara al ver ante sus narices la maravillosa ciudad de Avignon. Todo lo dominaba un coloso, ¡el alucinante Palacio Papal de Avignon! ¡Era la casa y fortaleza más grande del mundo que construyeron los antiguos y poderosos papas! Las paredes eran gigantes y altísimas, para no dejar pasar ninguna flecha a su imponente y seguro interior.

    Pero lo que más le gustó estaba justo a los pies del Palacio, y sobre las mismas aguas: se trataba del mágico y romántico Pont d’Avignon, ¡un viejísimo puente chulísimo que se detiene por la mitad del agua sin acabar de cruzar jamás por un lado! Fascinado por ver aquella pista de baile tan maravillosa empedrada encima del río, cantó recordando la vieja cancioncita francesa de la región:

    «Cantando feliz, lleno de alegría y siempre danzando,
    Pinocho bajó rapidísimo por las veloces corrientes del Ródano»

    Las palomitas blanquísimas de los muros que custodiaban el grandioso teatro de piedra revolotearon sin descanso aleteando por todos los alrededores como si ellas mismas y todo el majestuoso bosque celebrara su alegre fiesta cantarina.

    ¡Volviendo a las veloces corrientes del mar!

    Tras saltar unas cuantas veces sobre los arcos del asombroso puente al más puro ritmo francés y echarse agua fresca al calor, Pinocho se dejó caer suavemente al tronco flotador de nuevo. Los grandísimos viajes no tienen tiempo de parada cuando toda el agua empuja tus riendas con tanta gana, velocidad y alegría a conocer cada país.

    No camines sin saltar un dedito a tu mejor comparsa de viaje, amigo incansable viajero, la historia suena mejor cuando siempre le pones toda tu gran sonrisa.

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  • Pinocho y su increíble viaje romano por el juguetón río Guadiana

    Pinocho y su increíble viaje romano por el juguetón río Guadiana

    ¡El misterioso río que juega al escondite!

    Con unas nuevas gafitas de sol y muchísima energía en sus piernas de madera, Pinocho saltó desde los calurosos campos de la Península Ibérica hasta las orillas de un cauce muy peculiar: el río Guadiana. Este río es famoso mundialmente porque le encanta gastar bromas a los exploradores: ¡a veces se esconde cientos de metros debajo del suelo y de repente vuelve a brotar mágico como si nada!

    Flotando sobre un viejo tablón liso y dejándose llevar por las aguas, Pinocho veía cómo las orillas estaban repletas de pajaritos que bebían de sus aguas dulces. El sol acariciaba su naricilla mientras las tímidas serpientes de agua nadaban a su lado invitándole a jugar al pilla-pilla.

    Una obra de teatro milenaria para gigantes

    Navegando y saludando a las amigables cigüeñas de Extremadura, Pinocho llegó a una ciudad que respiraba historias por todos sus poros: la maravillosa Mérida antigua ciudad romana. A poquísimo de las aguas del río se asombró muchísimo al descubrir el gigante y majestuoso Teatro de Mérida. ¡Era enooooorme! Sus grandísimas gradas de piedra y sus alucinantes columnas formaban un escenario en el que todavía a día de hoy, dos mil años después, ¡actores de verdad se visten de romanos y actúan para atrapar al público de noche bajo las estrellas!

    A Pinocho le entraron tantas ganas de actuar en aquel escenario que, buscando hacer una entrada espectacular desde los arbolitos del río, exclamó riendo a carcajadas:

    «Lanzándose como un mono atado a una liana,
    Pinocho actuó muy feliz sobre las aguas del Guadiana»

    Los pájaros que hacían sus nidos en las antiguas columnas romanas trinaron muy fuerte aplaudiendo la magnífica y simpática actuación de nuestro mejor amigo aventurero de madera.

    ¡Rumbo de vuelta a Portugal al sol poniente!

    Tras despedirse del gigantesco escenario romano y agradecer las plumas amigas, Pinocho saltó de la orilla de vuelta a su tablón. Las corrientes subterráneas del Guadiana aún tenían muchas sorpresas bajo la chistera antes de bañar las bonitas costas del gran océano en Portugal.

    Empaca siempre muchas ganas de pasarlo en grande, curioso aventurero, ¡porque en las orillas de los grandes ríos hay disfraces, ruinas y escenarios de cuento infinitos que te dejarán con la boquita abierta!

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  • El divertido crucero de Pinocho y el increíble canal del río Garona

    El divertido crucero de Pinocho y el increíble canal del río Garona

    ¡Rumbo a la asombrosa Ciudad Rosa!

    Con unos nuevos y mágicos manguitos ajustados a sus brazos de madera, el intrépido explorador Pinocho surcó las corrientes viajando por el suroeste de Francia hasta llegar al impresionante río Garona. Este gigante y serpenteante cauce de agua nace muy cerquita de España, en lo alto de los Pirineos, ¡y su agua está fresquísima!

    Flotando feliz de la vida, pronto las orillas del río se tiñeron de un color muy especial. Todos los grandes edificios y puentes empezaron a brillar en tonos rojizos bajo el sol. Había llegado a la gran metrópolis de Toulouse, ¡conocida familiarmente por todos como «La Ciudad Rosa» gracias a los preciosos ladrillos de arcilla de sus construcciones!

    Una plaza colosal y el canal sin fin

    Al atracar su barquita en el centro exacto de la ciudad de cuento, Pinocho subió por unas escaleritas para descubrir el mismísimo Capitole de Toulouse. ¡Guau! Se trataba del bellísimo ayuntamiento, con un largo edificio coronado de banderas y una plaza pavimentada del tamaño de un castillo donde se podían pintar a tiza constelaciones gigantescas. Pero aún le esperaba algo más alucinante muy cerquita: el Canal du Midi, una antiquísima línea de agua excavada hace varios siglos para conectar directamente el río con el mar Mediterráneo. ¡Una obra maestra por donde pasaba la gente paseando de maravilla!

    Para dejar su botecito bien limpio antes de atravesar las alucinantes esclusas del Canal du Midi, el niño de madera sacó sus utensilios de la mochila y nos regaló unas buenas risas cantando sin parar:

    «Limpiando su barca a fondo con su gran fregona,
    Pinocho nadaba a gusto por todo el río Garona»

    Al oír el ruidito y ver con cuánta energía utilizaba su fregona miniatura el increíble muñeco, los patitos del canal se partieron de risa chapoteando divertidos alrededor de él.

    ¡De cabeza al mar turquesa!

    ¡El viaje desde el antiguo y gigantesco Capitolio había supuesto un día alucinante! Con su nave bien abrillantada como nueva en las aguas tranquilas, Pinocho atravesó las puertecitas fluviales del interminable canal guiándose directamente hacia el mágico Mediterráneo.

    Acuérdate de llevar el color que más te guste allá donde vayas, amigo viajero, ¡pues el mundo entero es tan gigante y diverso que te costará elegir tu rincón favorito!

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  • La gran aventura de Pinocho y su amiga emplumada en el río Duina

    La gran aventura de Pinocho y su amiga emplumada en el río Duina

    ¡Rumbo a las aguas frías del norte!

    Siempre dispuesto sacudirse el polvo y explorar lugares nuevos, nuestro queridísimo niño de madera, Pinocho, viajó hasta el norte de Europa asomándose a las frías y tranquilas aguas del río Duina. Este río es como una gran autopista de agua que cruza bosques altísimos llenos de abetos que huelen a Navidad.

    Para no pasar frío, Pinocho se abrigó con una gran bufanda roja que le daba varias vueltas al cuello y construyó un pequeño bote de madera. Mientras remaba, pequeñísimos copitos de nieve empezaron a caer del cielo, ¡convirtiendo el paisaje en una verdadera postal de invierno!

    Una plaza preciosa llena de colores

    Llevado por la suave corriente, Pinocho llegó a una ciudad que parecía sacada de un cuento en la asombrosa Riga. Amarró su botecito para correr a visitar su centro y llegó saltando hasta la impresionante Plaza del ayuntamiento de Riga. ¡Era majestuosa! Estaba rodeada de edificios espectaculares llamados «La Casa de los Cabezas Negras», con fachadas rojas hermosísimas llenas de decoraciones doradas y escudos que brillaban bajo la nieve.

    Mientras Pinocho miraba asombrado el enorme reloj de la plaza, escuchó de repente unos curiosos ruiditos que venían del interior de su bote. Al asomarse, un animalito muy simpático quiso saludarlo:

    «Subida a un tronco escapando de la rutina,
    Pinocho bajó el Duina con una simpática gallina»

    ¡Pinocho no cruzaba solo el norte de Europa! Su nueva amiga soltaba unos «cloqueos» muy divertidos de felicidad cada vez que el bote cogía un poco de velocidad esquivando el hielo del río.

    ¡El viento báltico nos espera!

    Con la pequeña gallina bien acomodada debajo de su bufanda de lana y las increíbles casas rojas quedándose atrás, Pinocho tomó los remos para acercarse al Mar Báltico. ¡Las corrientes frías estaban llenas de risas y nueva diversión!

    ¡Acompáñanos a descubrir las joyas escondidas que tiene el mundo, amigo explorador, y recuerda que hacer nuevos amigos puede ser la aventura más grande de todas!

    🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!

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  • Pinocho y su paseo perfumado por el río Elba

    Pinocho y su paseo perfumado por el río Elba

    ¡Rumbo a las tierras de castillos y bosques!

    Con su gorrito bien calado y muchas ganas de hacer nuevos amigos, nuestro valiente explorador Pinocho saltó a bordo de un pequeño barco de vapor a pedales para surcar las aguas del larguísimo río Elba. ¡Es uno de los ríos más importantes de toda Centroeuropa!

    Mientras pedaleaba con sus piernecitas de madera, Pinocho pudo ver bosques gigantescos donde los ciervos se acercaban a beber a la orilla. El agua del río reflejaba el precioso color verde de los árboles, como si fuera un espejo mágico en medio de la naturaleza.

    Una visita a la gran puerta de la ciudad

    Navegando y preguntando direcciones a los peces, Pinocho llegó muy cerquita de la gran capital de Alemania. Dejando su barquito amarrado un momento, decidió dar un paseo para conocer la famosísima Puerta de Brandemburgo de Berlín. ¡Era alucinante! Tenía unas columnas de piedra altísimas y, justo arriba del todo, una estatua gigante de un carro tirado por cuatro caballos de bronce. ¡A Pinocho le dio ganas de subirse a dar un paseo en ellos!

    De regreso a la orilla del río, nuestro amigo de madera se encontró con una planta trepadora con unas flores que olían de maravilla. Se acercó a olerlas y empezó a dar saltos de alegría mientras cantaba:

    «Cortando una dulce flor de madreselva,
    Pinocho flotó muy feliz por el río Elba»

    El aroma de las flores era tan dulce que incluso las moscas y las abejas decidieron seguir el barco de Pinocho un buen rato, como si le estuvieran escoltando en su viaje triunfal de vuelta al agua.

    ¡Preparados para el próximo chapuzón!

    Con la flor de madreselva adornando su sombrero y el recuerdo de la colosal ciudad de Berlín, Pinocho comenzó a pedalear de nuevo en su barquito siguiendo la corriente del gran Elba hacia el mar. ¡Qué cantidad de tesoros esconden los ríos!

    Abre bien los ojos e inspira profundo en tu próxima excursión a la naturaleza. ¡Sigue viajando con nuestro niño de madera para descubrir rincones aún más asombrosos!

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  • Pinocho y el jardín que sube hasta las nubes en el río Éufrates

    Pinocho y el jardín que sube hasta las nubes en el río Éufrates

    ¡Rumbo al río de las primeras ciudades y las maravillas suspendidas!

    Con una túnica bordada con hilos de oro, una corona de hojas de laurel y una canasta llena de frutas dulces, el curioso Pinocho viajó hasta las antiguas y misteriosas tierras de Mesopotamia, en el actual Irak. Su destino era uno de los ríos más importantes de la historia, el que ayudó a nacer a las primeras grandes civilizaciones entre las palmeras y el desierto: el legendario río Éufrates. Este cauce fluye perezoso entre ruinas de palacios de barro y jardines que parecen salir de un sueño.

    Para navegar por estas aguas rodeadas de horizontes de adobe y aire de pura leyenda, Pinocho utilizó una sólida tabla de madera de cedro perfectamente pulida. Se subió a ella como un auténtico capitán de ríachuelo y, usando una vara de bambú como remo, comenzó a deslizarse por la corriente. El aire olía a incienso, a dátiles maduros y a libertad, mientras los ibis le saludaban desde los juncos con mucha elegancia.

    ¡Un bosque flotante y una ciudad de ladrillos azules!

    Al llegar a la espléndida ciudad de Babilonia, Pinocho tuvo que frotarse los ojos de admiración. ¡Frente a él se alzaban los Jardines Colgantes de Babilonia! Eran terrazas altísimas llenas de flores exóticas, árboles frutales y cascadas de agua que bajaban por los muros de la ciudad. Parecía que un bosque entero hubiera decidido subir por las paredes para tocar el cielo. Pinocho caminó por las murallas azules decoradas con leones y dragones, imaginando que estaba en el jardín de un gigante con muy buen gusto.

    Pinocho se perdió entre las flores perfumadas, buscando el néctar más dulce para su merienda. Estaba tan fascinado por tanta vegetación en mitad del desierto y por el sabor de las frutas que cantó muy divertido:

    «Buscando entre flores dulces azúcares,
    Pinocho navegó por el río Éufrates»

    Unos pájaros de colores que estaban descansando en las ramas de un granado de los Jardines Colgantes soltaron un trino que pareció una risita alegre al ver al muñeco buscando sus «azúcares» en mitad de las flores. Los leones tallados en la Puerta de Ishtar parecieron dedicarle una sonrisa de piedra acompañando la rima de Pinocho, mientras el agua de los canales brillaba bajo el sol celebrando que el río trajera a un navegante con tanta imaginación a su ciudad de maravillas.

    ¡Navegando entre palmeras hacia el Golfo Pérsico!

    Tras despedirse de las cimas verdes de los jardines y guardar una semilla de dátil en su zurrón, Pinocho retomó el curso del Éufrates. Todavía tenía que pasar por delante de antiguas bibliotecas de arcilla antes de fundirse con su hermano, el río Tigris, y llegar al mar. ¡Qué de fuerza y de misticismo guardan las tierras de Mesopotamia!

    Valora siempre la belleza que somos capaces de crear incluso en los lugares más secos, querido explorador, ¡porque igual que los babilonios construyeron un paraíso a orillas del Éufrates, tu propia vida será una historia maravillosa si sabes ponerle creatividad, cuidado por la naturaleza y mucha alegría a cada paso que das por el mundo!

    🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!

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