¡Rumbo al corazón verde de Brasil!
Con sus piernecitas de madera más bronceadas que nunca y una camiseta de flores tropicales, el incansable Pinocho se adentró en las profundidades de la inmensa selva brasileña para conocer a otro grandísimo río escondido entre la espesura: el poderoso río Tocantins. Este cauce kilométrico avanza serpenteando desde el centro de Brasil cortando selvas infinitas, sabanas doradas y valles misteriosos hasta acabar mezclándose con las aguas del enorme estuario del Amazonas.
Flotando sobre un precioso tronquito de caoba tallado por los indígenas del lugar, Pinocho miraba fascinado los enormes tucanes de picos amarillos y naranjas que volaban en filas organizadísimas por encima de su cabecita, como si le estuvieran organizado un desfile aéreo de bienvenida.
¡Un muro gigantesco que frena al río entero!
De pronto, la corriente empezó a frenarse poquito a poco hasta que Pinocho notó un rugido enorme a lo lejos: ¡BRUUUUMMM! Al asomarse por una curva, se quedó completamente boquiabierto. Delante tenía la colosal Presa de Tucuruí, ¡una de las represas más grandes de todo el planeta Tierra! Era un muro de hormigón tan descomunal que cortaba el río de lado a lado, creando un lago artificial tan inmenso que no se veía el otro extremo, y las toneladas de agua que caían por sus compuertas hacían temblar la selva entera.
Mientras contemplaba alucinadísimo aquella maravilla de la ingeniería humana sentadito en su tronquito, un bichito verdísimo y elegantísimo se posó muy curiosa y delicadamente sobre su larga nariz de madera. ¡Era una preciosa insectita de ojos enormes! Pinocho se quedó quieto quietísimo y canturreó bajito para no asustarla:
«Sin moverse un pelín para no asustar a su amiga la mantis,
Pinocho admiró los enormes saltos de agua del Tocantins»
La elegante mantis religiosa verde giró su cabecita triangular con muchísima gracia, como asintiendo encantada al poema del niño de madera, y las ranitas tropicales de la orilla la acompañaron con un concierto croante espectacular desde los nenúfares.
¡Saltando la presa hacia nuevas aventuras!
Tras despedirse con un soplido muy suavecito para que la mantis volara elegantemente de vuelta a su hoja favorita, Pinocho encontró un caminito lateral para esquivar la presa gigante y retomar las aguas bravas del otro lado. Aún le quedaba muchísimo río por descubrir antes de fundirse con el gran Amazonas.
Acuérdate siempre de quedarte quietecito cuando la naturaleza te regale una visita inesperada, amiguito explorador, ¡porque los bichitos más pequeños guardan los secretos más grandes de toda la selva inmensa!
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
¿Te ha gustado esta historia? Descubre todos los ríos del mundo en la colección oficial.
📚 Ver y comprar libros completos en PDF
Deja una respuesta