¡Rumbo al espectáculo de agua más grande del planeta!
Con un chubasquero impermeable de colores, unas botas de goma y un gorro de plástico para proteger su cabecita de madera, el emocionadísimo Pinocho viajó hasta la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay para conocer un río que esconde la sorpresa natural más brutal y espectacular de toda Sudamérica: el alucinante río Iguazú. ¡Su nombre significa «agua grande» en la lengua guaraní y pronto iba a entender por qué!
Remando tranquilamente en una piragua de madera roja, Pinocho navegaba por las aguas color café con leche del Iguazú entre una selva tropical tan frondosa que los árboles formaban túneles verdes por los que apenas entraba el sol. Los tucanes de picos enormes y coloridísimos volaban de rama en rama, y los coatíes (unos animalitos curiosos con la nariz larguísima, casi tanto como la de Pinocho) le seguían correteando por la orilla.
¡La garganta del diablo!
De pronto, un rugido grave y ensordecedor empezó a hacer temblar el agua bajo la piragua. Pinocho se agarró con todas sus fuerzas porque la corriente tiraba cada vez más fuerte. Al girar una última curva de selva… ¡casi se le sale el corazón de madera del pecho! Frente a él se abrían las descomunales Cataratas del Iguazú: ¡doscientas setenta y cinco cascadas gigantescas cayendo a la vez en un frente de casi tres kilómetros de ancho! El agua caía rugiendo desde ochenta metros de altura levantando nubes de vapor tan inmensas que se veían desde el espacio. Y en el centro de todo, el salto más terrorífico y grandioso de todos: ¡la Garganta del Diablo!, un precipicio en forma de herradura donde toneladas y toneladas de agua se desploman al vacío con un estruendo ensordecedor.
Pinocho frenó su piragua justo a tiempo en una roca y, completamente empapado de pies a cabeza por las salpicaduras que llegaban a cientos de metros, sacó su fiambrera de la mochila y gritó a pleno pulmón para que se le oyera por encima del rugido:
«Comiéndose un bocadillo enorme de atún,
Pinocho se empapó enterito en las cataratas del Iguazú»
Un arcoíris doble y gigantesco apareció justo encima de su cabeza entre la bruma de las cataratas, y cientos de vencejos negros cruzaron en bandada las cortinas de agua a toda velocidad, metiéndose detrás de las cascadas donde tienen sus nidos secretos escondidos en la roca mojada.
¡Volando sobre la espuma hacia el gran Paraná!
Con el bocadillo medio desintegrado por el agua, la ropa chorreando como si le hubieran vaciado una piscina encima y la sonrisa más grande y mojada de toda su vida, Pinocho esquivó con cuidado el borde de la Garganta del Diablo y dejó que la corriente más suave le llevara río abajo hasta el punto donde el Iguazú se funde con el enorme río Paraná en un abrazo de aguas bravas.
No tengas nunca miedo al rugido del agua, valiente explorador de las cascadas, ¡porque las cataratas más grandes del mundo solo mojan a los que se atreven a acercarse lo suficiente para sentir su magia!
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
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