¡Rumbo al río de las primeras ciudades y las maravillas suspendidas!
Con una túnica bordada con hilos de oro, una corona de hojas de laurel y una canasta llena de frutas dulces, el curioso Pinocho viajó hasta las antiguas y misteriosas tierras de Mesopotamia, en el actual Irak. Su destino era uno de los ríos más importantes de la historia, el que ayudó a nacer a las primeras grandes civilizaciones entre las palmeras y el desierto: el legendario río Éufrates. Este cauce fluye perezoso entre ruinas de palacios de barro y jardines que parecen salir de un sueño.
Para navegar por estas aguas rodeadas de horizontes de adobe y aire de pura leyenda, Pinocho utilizó una sólida tabla de madera de cedro perfectamente pulida. Se subió a ella como un auténtico capitán de ríachuelo y, usando una vara de bambú como remo, comenzó a deslizarse por la corriente. El aire olía a incienso, a dátiles maduros y a libertad, mientras los ibis le saludaban desde los juncos con mucha elegancia.
¡Un bosque flotante y una ciudad de ladrillos azules!
Al llegar a la espléndida ciudad de Babilonia, Pinocho tuvo que frotarse los ojos de admiración. ¡Frente a él se alzaban los Jardines Colgantes de Babilonia! Eran terrazas altísimas llenas de flores exóticas, árboles frutales y cascadas de agua que bajaban por los muros de la ciudad. Parecía que un bosque entero hubiera decidido subir por las paredes para tocar el cielo. Pinocho caminó por las murallas azules decoradas con leones y dragones, imaginando que estaba en el jardín de un gigante con muy buen gusto.
Pinocho se perdió entre las flores perfumadas, buscando el néctar más dulce para su merienda. Estaba tan fascinado por tanta vegetación en mitad del desierto y por el sabor de las frutas que cantó muy divertido:
«Buscando entre flores dulces azúcares,
Pinocho navegó por el río Éufrates»
Unos pájaros de colores que estaban descansando en las ramas de un granado de los Jardines Colgantes soltaron un trino que pareció una risita alegre al ver al muñeco buscando sus «azúcares» en mitad de las flores. Los leones tallados en la Puerta de Ishtar parecieron dedicarle una sonrisa de piedra acompañando la rima de Pinocho, mientras el agua de los canales brillaba bajo el sol celebrando que el río trajera a un navegante con tanta imaginación a su ciudad de maravillas.
¡Navegando entre palmeras hacia el Golfo Pérsico!
Tras despedirse de las cimas verdes de los jardines y guardar una semilla de dátil en su zurrón, Pinocho retomó el curso del Éufrates. Todavía tenía que pasar por delante de antiguas bibliotecas de arcilla antes de fundirse con su hermano, el río Tigris, y llegar al mar. ¡Qué de fuerza y de misticismo guardan las tierras de Mesopotamia!
Valora siempre la belleza que somos capaces de crear incluso en los lugares más secos, querido explorador, ¡porque igual que los babilonios construyeron un paraíso a orillas del Éufrates, tu propia vida será una historia maravillosa si sabes ponerle creatividad, cuidado por la naturaleza y mucha alegría a cada paso que das por el mundo!
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
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