¡Rumbo al río con más fama musical!
Dando un salto con tanta energía que casi llega a tocar las nubes, el pequeño aventurero Pinocho viajó de un lado a otro por la historia y aterrizó en las claras y fresquísimas aguas del gran río Ródano. Este grandísimo río nace muy alto allí en los blanquísimos Alpes suizos para terminar resbalando por los gigantes valles franceses hasta el mar Mediterráneo.
Flotando sobre un viejo pero robusto tronco de madera suiza, se fue fijando en los pajaritos y gaviotas que bailoteaban muy bajito casi peinando las nubes reflejadas en el agua. Todas cantaban una animada melodía que nuestro muñeco no conseguía llegar a entender pero que le hacía mover una y otra vez sus deditos de madera muy divertidísimo.
¡El puente misterioso cortado por la mitad y un castillo gigante de piedra!
Llegado a un meandro muy espectacular, los ojos se le saltaron casi de la cara al ver ante sus narices la maravillosa ciudad de Avignon. Todo lo dominaba un coloso, ¡el alucinante Palacio Papal de Avignon! ¡Era la casa y fortaleza más grande del mundo que construyeron los antiguos y poderosos papas! Las paredes eran gigantes y altísimas, para no dejar pasar ninguna flecha a su imponente y seguro interior.
Pero lo que más le gustó estaba justo a los pies del Palacio, y sobre las mismas aguas: se trataba del mágico y romántico Pont d’Avignon, ¡un viejísimo puente chulísimo que se detiene por la mitad del agua sin acabar de cruzar jamás por un lado! Fascinado por ver aquella pista de baile tan maravillosa empedrada encima del río, cantó recordando la vieja cancioncita francesa de la región:
«Cantando feliz, lleno de alegría y siempre danzando,
Pinocho bajó rapidísimo por las veloces corrientes del Ródano»
Las palomitas blanquísimas de los muros que custodiaban el grandioso teatro de piedra revolotearon sin descanso aleteando por todos los alrededores como si ellas mismas y todo el majestuoso bosque celebrara su alegre fiesta cantarina.
¡Volviendo a las veloces corrientes del mar!
Tras saltar unas cuantas veces sobre los arcos del asombroso puente al más puro ritmo francés y echarse agua fresca al calor, Pinocho se dejó caer suavemente al tronco flotador de nuevo. Los grandísimos viajes no tienen tiempo de parada cuando toda el agua empuja tus riendas con tanta gana, velocidad y alegría a conocer cada país.
No camines sin saltar un dedito a tu mejor comparsa de viaje, amigo incansable viajero, la historia suena mejor cuando siempre le pones toda tu gran sonrisa.
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
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