Categoría: Ríos de Europa

Ríos de Europa

  • Pinocho y el poético paseo bajo los árboles del inmenso río Don

    Pinocho y el poético paseo bajo los árboles del inmenso río Don

    ¡Rumbo al ancho río de las grandes planicies!

    Inasequible al cansancio y siempre cargado con mil ganas de hacer nuevos simpáticos amiguitos, el divertido viajero de madera, Pinocho, aterrizó en el rincón sureste de Europa para sumergirse en la enorme tranquilidad del fabuloso río Don. Es un gigante y pacífico río anchísimo y muy largo, rebosante siempre de viejos barcos pesqueros y de paisajes que quitan absolutamente todo el hipo a los grandes pintores.

    Flotando esta vez en una pequeña camita de salvavidas hinchable para no hundir sus piernecitas de madera, el alegre explorador veía pasar enormes y preciosas cigüeñas que sobrevolaban las plácidas olas como queriendo acompañar su camino.

    ¡El callejón más verde, paseable y misterioso!

    Después de un buen trayecto entre las grandes barcas, la enorme ciudad de Rostov se abrió paso de repente ante las mismas orillas del inmenso cauce azulado. Saltando a tierra firme de un tremendo brinco, el muchachito de madera corrió hacia su famoso centro y se encontró con un camino asombroso y literario: ¡la bellísima Pushkin Street de Rostov del Don! Eran kilómetros y kilómetros enteros de una calle llenísima de frondosos árboles larguísimos, estatuas súper poéticas asombrosas y mil banquitos de hierro labrado preciosos por donde centenares de ciudadanos paseaban y hablaban sin descanso al atardecer.

    Pinocho de repente, recordando lo sumamente ancho y pacífico que era el curso de agua y lo tranquilo que se podía dormir viendo pasar esos grandísimos y artísticos paisajes esteparios de las orillas verdes, entonó una chulísima y divertidísima coplilla canalla:

    «Ronqui-roncando feliz bien tumbadito en su cómodo almohadón,
    Pinocho paseaba a sus anchas por todo el pacífico río Don»

    Unos gatitos atigrados de las calles que jugaban perezosos en los altísimos setos del preciosísimo paseo ajardinado abrieron sus grandotes ojitos como platos, asintiendo a su cantar y enroscándose gustosamente entre el verde callejeo para buscar un buen lugar de siesta reparador bajo el sol.

    ¡Pitando hacia las grandísimas puertas del sur del mar!

    Tras acariciar cariñosísimamente a la pandilla minina maulladora y despedirse muy amigablemente de todos los imponentes bustos literarios de gigantesca roca, se acomodó gustoso las bufandas y corrió de vuelta a su mágico flotador azul hasta acabar el recorrido infinito en el profundo asombro del grandísimo e histórico Mar de Azov.

    Agarra de la mano a toda tu enorme imaginación y no dejes de explorar jamás ningún hermoso rincón recóndito y enmarañado del mundo, fiel amigo curioso de los libros, pues de las raíces literarias del hermoso mundo nace toda su gran magia sin parangón.

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  • Pinocho y la gigantesca estatua guardiana del alucinante río Dniéper

    Pinocho y la gigantesca estatua guardiana del alucinante río Dniéper

    ¡Rumbo al gigante río de tres países!

    Llevado en volandas por su enorme curiosidad de madera, nuestro simpático amigo Pinocho saltó veloz hacia los grandísimos valles de Europa del Este y zambulló sus piernas alegremente en las aguas inmensas del maravilloso río Dniéper. Este increíble y kilométrico cauce cruza praderas eternas y es famoso por darle vida y muchísima energía inagotable a varios países muy grandotes a la vez.

    Dejando los botes para otro viaje, Pinocho decidió que este río merecía otra magia y ató un manojo de cañas de la orilla para formarse una mullida y cómoda balsita. Flotando dulcemente a la gran luz del verano, admiraba fascinado los saltos mortales que las grandísimas truchas daban volando encima de su cabecita puntiaguda.

    Una increíble madre plateada tocando nubes

    Al llegar remando a una grandísima curva a su paso por la impresionante e histórica ciudad de Kiev, el niño de madera frenó su balsa en seco aguantándose el sombrero de asombro absoluto. Custodiando la ancha orilla de todo el río Dniéper desde la alta colina se levantaba ¡la gigantesca y deslumbrante Estatua de la Madre Patria de Kiev! De puro altísima y grandota que era, esta escultura enorme y brillante de reluciente acero sujetaba firmemente con sus brazos una espada imparable y un imbatible escudo de guerra por encima de absolutamente toda la propia ciudad.

    Maravilladísimo por aquella enorme guerrera plateada de cuento colosal, el aventurero de madera divisó un ave blanca preciosísima aleteando a su diestra e improvisó con su habitual pillería musical:

    «Navegando hombro con hombro al ladito del más bello cisne,
    Pinocho se enamoró completamente de los paisajes del Dniéper»

    La inmensa ave de plumas blanquísimas canturreó suavemente asintiendo con su largo y flexible cuellito al hermoso poema del travieso niño, como haciéndose nuevos amigos del agua para siempre.

    ¡Hacia la majestuosa llanura del agua salada!

    Dando un reverendo saludo a la guardiana gigante plateada y aleteando la mano de gracia a su compañero animal alado de las nieves acuáticas, retomó felizmente la gran y eterna bajada en su cómodo catamarán de bambú y caña hasta ir a estamparse de salpicones al imponente Mar Negro.

    Apunta muy bien las coordenadas donde se juntan la historia de los colosales gigantes de plata y los más delicados animales marinos que existen, explorador, porque en ambos lazos nos enseña el gran planeta la más bella aventura de los inabarcables ríos.

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  • Pinocho y su fresca excursión por los misterios del río Dniéster

    Pinocho y su fresca excursión por los misterios del río Dniéster

    ¡Rumbo a las frías y mágicas tierras del este!

    Siempre con muchísimas ganas de conocer los confines del viento helado, el valiente niño de madera, Pinocho, viajó esta vez a la lejana Europa del Este para asomarse a las anchísimas y preciosas ondas cristalinas del río Dniéster. Este largo cauce serpentea maravillosamente por valles profundos, separando silenciosamente países enteros con su enorme abrazo de agua.

    A bordo de una sólida canoa, y esquivando de vez en cuando pedacitos traviesos de hielos pequeñitos, Pinocho admiraba los enormes árboles de la orilla que parecían saludosos soldados de rama, mientras multitud de peces curiosos se arremolinaban alrededor de su botecito dándole rítmicos golpecitos a las maderas.

    La gran fortaleza que no duerme nunca

    Llevado por la imparable fuerza del agua, Pinocho de pronto escuchó como ecos de viejas espadas chocando. Al coger una amplia curva en la ciudad de Bender su enorme asombro lo dejó boquiabierto: dominando sobre toda una enorme colina a la misma orilla, descansaba invencible la famosísima Fortaleza de Bendery. Esta antiquísima e inmensa fortificación de gruesísima piedra luce altísimas y puntiagudas torres rojas y muros descomunales con forma de gran estrella gigante que jamás nadie pudo tirar de un cañonazo.

    Tan fresquito hacía junto a los muros de la invencible fortaleza frente a aquellas heladas llanuras, que Pinocho, mientras admiraba las alucinantes torres, sacó una ropa calentita de su bolsa y nos regaló una improvisada estrofilla para entrar bien en calor:

    «Abrigándose deprisa con un mullidísimo y caliente suéter,
    Pinocho flotó maravillosamente de pirata por el Dniéster»

    Los guardias de la milenaria muralla en lo alto de los muros sonrieron de pura diversión estirando sus manos y agitando sus largas bufandas al ver a tamaño marinero aventurero de pequeñito tamaño pasar tan contento frente al gran paso milenario.

    ¡Nuevas nubes le llaman al horizonte azul!

    Dejando tras de sí las puntas de aquella indomable estrella de roca fortificada, remó con nuevos ánimos calentitos y abrigados para dirigir su proa hacia la siempre bella ciudad desembocadura del Mar Negro.

    Jamás te olvides de llevar una maletita con la ropa bien pensada, querido explorador, ¡hasta las mejores murallas de piedra invencible son mejor admiradas envueltas en un asombroso y calentito jersey!

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  • El divertido paseo en maquinita por el increíble río Po

    El divertido paseo en maquinita por el increíble río Po

    ¡Rumbo al larguísimo río italiano!

    Con unas divertidísimas gafas de pirata y saltando de un puro brinco transalpino, el imparable y aventurero Pinocho regresó a su adorada Italia para recorrer una de las sendas acuáticas más impresionantes de todas: el inmenso río Po. Este gran coloso azul viaja cruzando el norte entero del país del revés al derecho para empujar despacito su agua a las costas del gran mar Adriático.

    Dejando aparcado los viejos botes de corcho aburridos, esta vez Pinocho se compró un gracioso barquito de chapa pequeñito, y surcó tranquilamente todo el agua divisando a un lado las orillas gigantes, los grandes campos de trigo inmensos repletos y unas vacas con las manchas como la nieve mirando el pasar.

    La gran ciudad elegante con el templo más mágico

    Llegado a una gigante metrópolis flanqueada muy cerca por los hielos relucientes de los grandes Alpes, se paró admirado a visitar en la enorme ciudad a la Catedral de Turín. ¡Es la iglesia principal de esa bellísima urbe! Pintada maravillosamente de colores piedra blanquísima por todos lados, luce una enorme torre puntiaguda campanario de ladrillos rojos preciosísimos y custodiada a pocos pasos de un viejísimo e impresionante palacio real que perteneció a un poderosísimo rey saboyano.

    Encantantado e impresionadísimo frente al sagrado gigantesco templo y con la imaginación ardiendo al fuego de muchísima inventiva para su diario mágico saltarín, encendió su navío pequeño de chapa por el agua y canturreó:

    «Soplando fuerte sobre una chimenea a todo vapor,
    Pinocho surcó valiente los increíbles canales del río Po»

    Los grandes niños pequeñitos italianos, entusiasmados viendo pitar con el agua chiquitín del barquito a cuerda al niño de madera simpático, acompañaron a zancadilla toda la inmensa estrofa echándole infinitas miguillas dulcísimas a todos los cisnes curiosos.

    ¡Pitidos hacia todas las aguas marineras!

    Dando un reverendo pitido despidiéndose rumboso a todos los muchísimos niños turistas de la explanada bellísima en la ciudad, giró el timoncito miniatura a estribor y el barquito emprendió la dulce caída maravillosa al este rebotando de chapuzón al mar cristalino azul.

    Lleva muchísimas asombrosas y pintorescas piezas juguetonas dentro las maletas contigo, viajerito incansable, que la maravilla acuática más divertida siempre está aún por asomarse.

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  • Pinocho y su baile infinito en el espectacular río Ródano

    Pinocho y su baile infinito en el espectacular río Ródano

    ¡Rumbo al río con más fama musical!

    Dando un salto con tanta energía que casi llega a tocar las nubes, el pequeño aventurero Pinocho viajó de un lado a otro por la historia y aterrizó en las claras y fresquísimas aguas del gran río Ródano. Este grandísimo río nace muy alto allí en los blanquísimos Alpes suizos para terminar resbalando por los gigantes valles franceses hasta el mar Mediterráneo.

    Flotando sobre un viejo pero robusto tronco de madera suiza, se fue fijando en los pajaritos y gaviotas que bailoteaban muy bajito casi peinando las nubes reflejadas en el agua. Todas cantaban una animada melodía que nuestro muñeco no conseguía llegar a entender pero que le hacía mover una y otra vez sus deditos de madera muy divertidísimo.

    ¡El puente misterioso cortado por la mitad y un castillo gigante de piedra!

    Llegado a un meandro muy espectacular, los ojos se le saltaron casi de la cara al ver ante sus narices la maravillosa ciudad de Avignon. Todo lo dominaba un coloso, ¡el alucinante Palacio Papal de Avignon! ¡Era la casa y fortaleza más grande del mundo que construyeron los antiguos y poderosos papas! Las paredes eran gigantes y altísimas, para no dejar pasar ninguna flecha a su imponente y seguro interior.

    Pero lo que más le gustó estaba justo a los pies del Palacio, y sobre las mismas aguas: se trataba del mágico y romántico Pont d’Avignon, ¡un viejísimo puente chulísimo que se detiene por la mitad del agua sin acabar de cruzar jamás por un lado! Fascinado por ver aquella pista de baile tan maravillosa empedrada encima del río, cantó recordando la vieja cancioncita francesa de la región:

    «Cantando feliz, lleno de alegría y siempre danzando,
    Pinocho bajó rapidísimo por las veloces corrientes del Ródano»

    Las palomitas blanquísimas de los muros que custodiaban el grandioso teatro de piedra revolotearon sin descanso aleteando por todos los alrededores como si ellas mismas y todo el majestuoso bosque celebrara su alegre fiesta cantarina.

    ¡Volviendo a las veloces corrientes del mar!

    Tras saltar unas cuantas veces sobre los arcos del asombroso puente al más puro ritmo francés y echarse agua fresca al calor, Pinocho se dejó caer suavemente al tronco flotador de nuevo. Los grandísimos viajes no tienen tiempo de parada cuando toda el agua empuja tus riendas con tanta gana, velocidad y alegría a conocer cada país.

    No camines sin saltar un dedito a tu mejor comparsa de viaje, amigo incansable viajero, la historia suena mejor cuando siempre le pones toda tu gran sonrisa.

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  • El divertido crucero de Pinocho y el increíble canal del río Garona

    El divertido crucero de Pinocho y el increíble canal del río Garona

    ¡Rumbo a la asombrosa Ciudad Rosa!

    Con unos nuevos y mágicos manguitos ajustados a sus brazos de madera, el intrépido explorador Pinocho surcó las corrientes viajando por el suroeste de Francia hasta llegar al impresionante río Garona. Este gigante y serpenteante cauce de agua nace muy cerquita de España, en lo alto de los Pirineos, ¡y su agua está fresquísima!

    Flotando feliz de la vida, pronto las orillas del río se tiñeron de un color muy especial. Todos los grandes edificios y puentes empezaron a brillar en tonos rojizos bajo el sol. Había llegado a la gran metrópolis de Toulouse, ¡conocida familiarmente por todos como «La Ciudad Rosa» gracias a los preciosos ladrillos de arcilla de sus construcciones!

    Una plaza colosal y el canal sin fin

    Al atracar su barquita en el centro exacto de la ciudad de cuento, Pinocho subió por unas escaleritas para descubrir el mismísimo Capitole de Toulouse. ¡Guau! Se trataba del bellísimo ayuntamiento, con un largo edificio coronado de banderas y una plaza pavimentada del tamaño de un castillo donde se podían pintar a tiza constelaciones gigantescas. Pero aún le esperaba algo más alucinante muy cerquita: el Canal du Midi, una antiquísima línea de agua excavada hace varios siglos para conectar directamente el río con el mar Mediterráneo. ¡Una obra maestra por donde pasaba la gente paseando de maravilla!

    Para dejar su botecito bien limpio antes de atravesar las alucinantes esclusas del Canal du Midi, el niño de madera sacó sus utensilios de la mochila y nos regaló unas buenas risas cantando sin parar:

    «Limpiando su barca a fondo con su gran fregona,
    Pinocho nadaba a gusto por todo el río Garona»

    Al oír el ruidito y ver con cuánta energía utilizaba su fregona miniatura el increíble muñeco, los patitos del canal se partieron de risa chapoteando divertidos alrededor de él.

    ¡De cabeza al mar turquesa!

    ¡El viaje desde el antiguo y gigantesco Capitolio había supuesto un día alucinante! Con su nave bien abrillantada como nueva en las aguas tranquilas, Pinocho atravesó las puertecitas fluviales del interminable canal guiándose directamente hacia el mágico Mediterráneo.

    Acuérdate de llevar el color que más te guste allá donde vayas, amigo viajero, ¡pues el mundo entero es tan gigante y diverso que te costará elegir tu rincón favorito!

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  • Pinocho y los castillos de cuento del majestuoso río Dordoña

    Pinocho y los castillos de cuento del majestuoso río Dordoña

    ¡Rumbo al valle de los mil castillos!

    Siempre con la curiosidad por bandera, Pinocho remó sin descanso hasta llegar a otro mágico gran cauce de agua francés, el fabuloso río Dordoña. Este impresionante río es conocido mundialmente como «el río de la esperanza» y sus aguas serpentean cruzando unos valles de un color verde tan brillante y tupido que hasta los mismísimos elfos querrían vivir allí.

    Pinocho flotaba montado muy a gusto en una gran tabla de madera mientras esquivaba las tradicionales gabarras, esos antiguos barquitos chatos de madera que transportaban barriles de vino en la antigüedad. ¡Parecía que estaba viviendo directamente en las páginas de un fantástico libro de historia encuadernado en oro!

    Castillos increíbles y espadachines narigudos

    Al llegar a un enorme acantilado bajo el sol brillante, nuestro amiguito se dio cuenta de que no estaba solo en aquel hermoso valle: en lo alto de la montaña se erguía el grandioso Castillo de Castelnaud, que te vigilaba desde las alturas como un gigante de piedra repleto de catapultas antiguas y cañones.

    Mientras alucinaba con las murallas, se acordó por los cuentos de su creador, Gepetto, que por aquellas colinas nació y vivió Cyrano de Bergerac, ¡un espadachín súper valiente y poeta, que también tenía una rarísima y puntiaguda nariz igualita a la de Pinocho! Haciendo reverencias con una espada invisible de madera a sus nuevos ídolos literarios, el niño de madera estalló de alegría y cantó:

    «Fabricando con hermosas hojas verdes una corona,
    Pinocho se creyó el auténtico rey de todo el Dordoña»

    Los visitantes del castillo le aplaudieron mucho desde lo alto de los enormes muros, tirándole pétalos de flores para recibir al nuevo y coronado soberano de los valles fluviales.

    ¡Llevando el barco en la dirección del mar!

    Esa simpática aventura no era más que un alto en el fascinante camino del gran río hacia el gigante Océano Atlántico. Despidiéndose del espadachín imaginario y del milenario castillo en lo alto con una gran reverencia, nuestro buen amigo Pinocho cogió los remos con energía.

    Al final, ya escojas la espada valiente de Cyrano o los imponentes castillos, ¡la mayor lección siempre será mantener el buen corazón en tus viajes y hacer de los ríos del mundo tu segunda casa!

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  • El divertido chapuzón de Pinocho en el tranquilo río Charente

    El divertido chapuzón de Pinocho en el tranquilo río Charente

    ¡Una travesía por los viñedos mágicos!

    Con ganas de disfrutar de la calma y degustar sabrosas uvas, el intrépido Pinocho volvió a hacer las maletas y viajó hasta otra preciosa región de Francia. Allí lanzó su pequeña canoa de madera a las aguas del famosísimo río Charente, un río tan bonito y tranquilo que los propios reyes de Francia decían que era el más hermoso del país.

    Pinocho remaba despacito, esquivando coquetas libélulas azules que se posaban en su nariz de madera para descansar de sus vuelos. Por el camino, desde su barca, veía inmensos y soleados viñedos repletos de campesinos que saludaban agitando sus sombreros de paja. ¡Había una paz increíble!

    Una parada espectacular en lo alto de la colina

    Al llegar a la maravillosa ciudad amurallada de Angulema, Pinocho se dio cuenta de que no todo el terreno era tan llano. Mirando hacia arriba, vio elevarse majestuosa sobre todos los edificios blancos la bellísima Catedral de Angulema. Era un edificio alucinante, repleto de cientos de pequeñas esculturas antiguas talladas en la piedra que parecían contar viejas historias de caballeros y dragones.

    Tantas ganas tenía de subir a ver la grandiosa iglesia de cerca que amarró su barca rápidamente y empezó a correr, pero se dio cuenta de un pequeño detalle que le hizo cantar a pleno pulmón mientras subía:

    «Subiendo a toda prisa por una gran pendiente,
    Pinocho trepó para ver desde arriba el Charente»

    Aunque llegó arriba resoplando y casi sin aliento en sus pulmoncitos de madera, las vistas majestuosas del ancho río brillando al sol desde la catedral hicieron que la larguísima subida valiera completamente la pena.

    ¡La llamada de las aguas cristalinas!

    Tras hacerse una foto imaginaria junto a los monigotes de piedra de la gran catedral y comer algunas riquísimas moras de la plaza, Pinocho corrió pendiente abajo para volver a zambullirse en su pequeña canoa sobre las brillantes aguas del río en dirección al mar.

    Mantén siempre tus ojos bien abiertos cuando visites grandes monumentos, aventurero, ¡siempre hay esculturas de piedra escondidas que parecen devolverte la mirada!

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  • El verde viaje de Pinocho y el gran castillo en el río Shannon

    El verde viaje de Pinocho y el gran castillo en el río Shannon

    ¡Rumbo a la Isla Esmeralda!

    Dando un gran salto y con su gorrito de madera bien sujeto para que no se lo llevara el fuerte viento, Pinocho viajó hasta las mágicas tierras de Irlanda. Allí se encontró con el larguísimo río Shannon, el río más largo de toda la isla, famoso por cruzar campos que son más verdes que una manzana Granny Smith.

    Para navegar por aquellas increíbles y frías aguas, Pinocho se sentó dentro de un antiguo barril de madera y empezó a remar con una cuchara gigante. ¡Las ovejas ovejitas que pastaban en la orilla lo miraban asombradas y hacían «Beee, beee» riéndose de su graciosa forma de viajar!

    El castillo del Rey Juan

    De pronto, el río le llevó hasta la alucinante ciudad de Limerick. ¡Allí se levantaba, justo a la orilla del agua, el impresionante King John’s Castle de Limerick! Era un castillo de verdad, con dos enormes torres redondas de piedra gris y unas murallas tan gruesas que ningún cañonazo podría tirarlas jamás. Los pajaritos hacían sus nidos en las rendijas de las piedras milenarias.

    Pinocho estaba tan alucinado imaginándose a los antiguos caballeros de brillantes armaduras defendiendo esas murallas, que soltó su remo de cuchara para despedirse de unos amigables cerditos de la orilla y canturreó:

    «Saludando a los cerditos agitando su mano,
    Pinocho aprendió grandes historias en el río Shannon»

    Los cerditos comenzaron a dar saltitos de alegría y las gentes de la maravillosa ciudad de Limerick le saludaron riendo desde el enorme y viejo puente de piedra del castillo.

    ¡Hacia el océano y más allá!

    Tras despedirse del increíble castillo del Rey Juan y de sus nuevos amigos de granja, Pinocho retomó su vieja cuchara para seguir remando hacia el océano Atlántico, donde el gran río Shannon se abraza por fin con todas las olas del ancho mar.

    No olvides nunca, pequeño aventurero, ¡que viajar por los grandes ríos de nuestra Tierra es la mejor manera de encontrar castillos de leyenda! ¿Nos acompañas en la próxima?

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  • El dulce paseo de Pinocho por el florido río Mosa

    El dulce paseo de Pinocho por el florido río Mosa

    ¡Una travesía tranquila por el campo!

    Con mucha energía y ganas de disfrutar de la naturaleza en estado puro, Pinocho hinchó un flotador gigante y decidió dejarse llevar por un río muy, muy tranquilo y hermoso: el precioso río Mosa. Este río recorre varios países de Europa enseñando a los viajeros paisajes espectaculares llenos de casitas que parecen de chocolate.

    Mientras iba flotando panza arriba, tomando el solecito y saludando a las simpáticas mariposas que se posaban en su nariz de madera, Pinocho escuchaba el suave croar de los sapos desde la orilla. ¡Todo era tan relajante que casi se queda dormido cantando!

    La gran puerta de cuento y la flor brillante

    Navegando y dejándose querer por la corriente, llegó hasta una ciudad donde divisó un edificio asombroso junto al agua. Al acercarse, vio la famosa Porte Chaussée de Verdún. ¡Eran dos grandiosas torres de piedra unidas como la entrada de un castillo gigante, con unos techos puntiagudos que parecían cucuruchos de helado gigantescos!

    Dejando su flotador un instante para explorar, Pinocho caminó por los verdes jardines de la ciudad buscando un bonito tesoro natural para llevarse de recuerdo. Pronto encontró una flor de colores brillantes y la cogió mientras recitaba a los cuatro vientos:

    «Llevando en su mano una hermosa flor rosa,
    Pinocho nadaba muy feliz por el río Mosa»

    Los pajaritos que rondaban la gran puerta de piedra repitieron su canción en forma de graciosos silbidos y celebraron la alegría y buen humor de nuestro amigo de madera por todos los aires franceses.

    ¡Nuevos paisajes siempre adelante!

    Tras sujetarse bien su bonita flor rosa detrás de la oreja y despedirse de las maravillosas torres de piedra, Pinocho volvió a lanzarse sobre su flotador para ver adónde le llevaba el infinito e inagotable río Mosa. ¡El agua no se para nunca y él tampoco!

    Coge tus prismáticos y no te pierdas el próximo recodo de nuestra aventura natural, ¡porque cada río del mundo tiene su propio e irrepetible tesoro mágico esperándonos!

    🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!

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