Pinocho y su fresca excursión por los misterios del río Dniéster

Dniéster

¡Rumbo a las frías y mágicas tierras del este!

Siempre con muchísimas ganas de conocer los confines del viento helado, el valiente niño de madera, Pinocho, viajó esta vez a la lejana Europa del Este para asomarse a las anchísimas y preciosas ondas cristalinas del río Dniéster. Este largo cauce serpentea maravillosamente por valles profundos, separando silenciosamente países enteros con su enorme abrazo de agua.

A bordo de una sólida canoa, y esquivando de vez en cuando pedacitos traviesos de hielos pequeñitos, Pinocho admiraba los enormes árboles de la orilla que parecían saludosos soldados de rama, mientras multitud de peces curiosos se arremolinaban alrededor de su botecito dándole rítmicos golpecitos a las maderas.

La gran fortaleza que no duerme nunca

Llevado por la imparable fuerza del agua, Pinocho de pronto escuchó como ecos de viejas espadas chocando. Al coger una amplia curva en la ciudad de Bender su enorme asombro lo dejó boquiabierto: dominando sobre toda una enorme colina a la misma orilla, descansaba invencible la famosísima Fortaleza de Bendery. Esta antiquísima e inmensa fortificación de gruesísima piedra luce altísimas y puntiagudas torres rojas y muros descomunales con forma de gran estrella gigante que jamás nadie pudo tirar de un cañonazo.

Tan fresquito hacía junto a los muros de la invencible fortaleza frente a aquellas heladas llanuras, que Pinocho, mientras admiraba las alucinantes torres, sacó una ropa calentita de su bolsa y nos regaló una improvisada estrofilla para entrar bien en calor:

«Abrigándose deprisa con un mullidísimo y caliente suéter,
Pinocho flotó maravillosamente de pirata por el Dniéster»

Los guardias de la milenaria muralla en lo alto de los muros sonrieron de pura diversión estirando sus manos y agitando sus largas bufandas al ver a tamaño marinero aventurero de pequeñito tamaño pasar tan contento frente al gran paso milenario.

¡Nuevas nubes le llaman al horizonte azul!

Dejando tras de sí las puntas de aquella indomable estrella de roca fortificada, remó con nuevos ánimos calentitos y abrigados para dirigir su proa hacia la siempre bella ciudad desembocadura del Mar Negro.

Jamás te olvides de llevar una maletita con la ropa bien pensada, querido explorador, ¡hasta las mejores murallas de piedra invencible son mejor admiradas envueltas en un asombroso y calentito jersey!

🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!

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