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  • Pinocho y la gigantesca estatua guardiana del alucinante río Dniéper

    Pinocho y la gigantesca estatua guardiana del alucinante río Dniéper

    ¡Rumbo al gigante río de tres países!

    Llevado en volandas por su enorme curiosidad de madera, nuestro simpático amigo Pinocho saltó veloz hacia los grandísimos valles de Europa del Este y zambulló sus piernas alegremente en las aguas inmensas del maravilloso río Dniéper. Este increíble y kilométrico cauce cruza praderas eternas y es famoso por darle vida y muchísima energía inagotable a varios países muy grandotes a la vez.

    Dejando los botes para otro viaje, Pinocho decidió que este río merecía otra magia y ató un manojo de cañas de la orilla para formarse una mullida y cómoda balsita. Flotando dulcemente a la gran luz del verano, admiraba fascinado los saltos mortales que las grandísimas truchas daban volando encima de su cabecita puntiaguda.

    Una increíble madre plateada tocando nubes

    Al llegar remando a una grandísima curva a su paso por la impresionante e histórica ciudad de Kiev, el niño de madera frenó su balsa en seco aguantándose el sombrero de asombro absoluto. Custodiando la ancha orilla de todo el río Dniéper desde la alta colina se levantaba ¡la gigantesca y deslumbrante Estatua de la Madre Patria de Kiev! De puro altísima y grandota que era, esta escultura enorme y brillante de reluciente acero sujetaba firmemente con sus brazos una espada imparable y un imbatible escudo de guerra por encima de absolutamente toda la propia ciudad.

    Maravilladísimo por aquella enorme guerrera plateada de cuento colosal, el aventurero de madera divisó un ave blanca preciosísima aleteando a su diestra e improvisó con su habitual pillería musical:

    «Navegando hombro con hombro al ladito del más bello cisne,
    Pinocho se enamoró completamente de los paisajes del Dniéper»

    La inmensa ave de plumas blanquísimas canturreó suavemente asintiendo con su largo y flexible cuellito al hermoso poema del travieso niño, como haciéndose nuevos amigos del agua para siempre.

    ¡Hacia la majestuosa llanura del agua salada!

    Dando un reverendo saludo a la guardiana gigante plateada y aleteando la mano de gracia a su compañero animal alado de las nieves acuáticas, retomó felizmente la gran y eterna bajada en su cómodo catamarán de bambú y caña hasta ir a estamparse de salpicones al imponente Mar Negro.

    Apunta muy bien las coordenadas donde se juntan la historia de los colosales gigantes de plata y los más delicados animales marinos que existen, explorador, porque en ambos lazos nos enseña el gran planeta la más bella aventura de los inabarcables ríos.

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  • Pinocho y su fresca excursión por los misterios del río Dniéster

    Pinocho y su fresca excursión por los misterios del río Dniéster

    ¡Rumbo a las frías y mágicas tierras del este!

    Siempre con muchísimas ganas de conocer los confines del viento helado, el valiente niño de madera, Pinocho, viajó esta vez a la lejana Europa del Este para asomarse a las anchísimas y preciosas ondas cristalinas del río Dniéster. Este largo cauce serpentea maravillosamente por valles profundos, separando silenciosamente países enteros con su enorme abrazo de agua.

    A bordo de una sólida canoa, y esquivando de vez en cuando pedacitos traviesos de hielos pequeñitos, Pinocho admiraba los enormes árboles de la orilla que parecían saludosos soldados de rama, mientras multitud de peces curiosos se arremolinaban alrededor de su botecito dándole rítmicos golpecitos a las maderas.

    La gran fortaleza que no duerme nunca

    Llevado por la imparable fuerza del agua, Pinocho de pronto escuchó como ecos de viejas espadas chocando. Al coger una amplia curva en la ciudad de Bender su enorme asombro lo dejó boquiabierto: dominando sobre toda una enorme colina a la misma orilla, descansaba invencible la famosísima Fortaleza de Bendery. Esta antiquísima e inmensa fortificación de gruesísima piedra luce altísimas y puntiagudas torres rojas y muros descomunales con forma de gran estrella gigante que jamás nadie pudo tirar de un cañonazo.

    Tan fresquito hacía junto a los muros de la invencible fortaleza frente a aquellas heladas llanuras, que Pinocho, mientras admiraba las alucinantes torres, sacó una ropa calentita de su bolsa y nos regaló una improvisada estrofilla para entrar bien en calor:

    «Abrigándose deprisa con un mullidísimo y caliente suéter,
    Pinocho flotó maravillosamente de pirata por el Dniéster»

    Los guardias de la milenaria muralla en lo alto de los muros sonrieron de pura diversión estirando sus manos y agitando sus largas bufandas al ver a tamaño marinero aventurero de pequeñito tamaño pasar tan contento frente al gran paso milenario.

    ¡Nuevas nubes le llaman al horizonte azul!

    Dejando tras de sí las puntas de aquella indomable estrella de roca fortificada, remó con nuevos ánimos calentitos y abrigados para dirigir su proa hacia la siempre bella ciudad desembocadura del Mar Negro.

    Jamás te olvides de llevar una maletita con la ropa bien pensada, querido explorador, ¡hasta las mejores murallas de piedra invencible son mejor admiradas envueltas en un asombroso y calentito jersey!

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