Pinocho y los jardines reales del elegante río Jarama

río Jarama

¡Rumbo al río de los jardines más espectaculares de España!

Con un lacito de seda al cuello y andares de auténtico príncipe real, el siempre presumido Pinocho viajó esta vez hasta las llanuras del centro de España para navegar por un río que ha regado los jardines de reyes y reinas durante siglos: el caudaloso río Jarama. Este río baja desde las sierras de Somosierra y Guadarrama cruzando vegas fértiles y praderas enormes donde los toros bravos pastan tranquilamente al sol de la meseta madrileña.

A bordo de una vieja regadera de latón que encontró abandonada entre los juncos, Pinocho remaba con una cucharita mientras observaba cómo los martines pescadores, esos pajaritos azules rapidísimos, se lanzaban en picado al agua como flechas de color para cazar pececillos a una velocidad de vértigo.

¡Un palacio de reyes rodeado de fuentes mágicas!

Al llegar a un meandro especialmente ancho y tranquilo del río, Pinocho vio brillar a lo lejos algo que le hizo soltar los remos de pura emoción. Entre los árboles más grandes y verdes que jamás había visto, aparecía como un espejismo el impresionante Palacio de Aranjuez. Era un edificio majestuoso e inmensísimo de piedra blanca y ladrillo rojo, con cientos de ventanas brillantes y unos jardines tan descomunales que se perdían en el horizonte. ¡Había fuentes enormes con chorros de agua altísimos, paseos de árboles centenarios que formaban túneles verdes y estanques donde los cisnes jugaban a perseguirse!

Pinocho no se lo podía creer. Se bajó de su regadera y empezó a corretear por los inmensos jardines del palacio como un loco, pasando por debajo de los arcos de árboles gigantes, esquivando las salpicaduras de las fuentes monumentales y saltando por encima de los setos recortados con forma de animales. En una de sus cabriolas se enganchó colgándose y exclamó riéndose a carcajadas:

«Columpiándose feliz agarrado a una enorme rama,
Pinocho admiró los jardines reales del río Jarama»

Los pavos reales que paseaban orgullosísimos por los jardines del palacio desplegaron sus enormes colas de plumas azules y verdes al unísono al escuchar la rima, como si estuvieran montando un espectáculo de abanicos gigantes exclusivamente para el muñeco columpiante.

¡Flotando entre huertas hacia el gran Tajo!

Tras balancearse un buen rato entre las ramas y despedirse con una reverencia real de los orgullosos pavos y de las fuentes cantarinas, Pinocho saltó de vuelta a su regadera para seguir bajando el Jarama entre fresas y espárragos de las famosas huertas de Aranjuez, hasta el punto donde sus aguas se funden con las del mismísimo río Tajo.

Columpiarte siempre que veas una rama buena, querido explorador jardinero, ¡porque los mejores jardines del mundo se disfrutan con los pies en el aire y la risa en el corazón!

🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!

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