Pinocho y el castillo de cuento de hadas del pequeño río Eresma

río Eresma

¡Rumbo al río que abraza un castillo de fantasía!

Con una espada de palo y una capa de cartón pintada de dorado, el caballeresco Pinocho viajó hasta las sierras de Castilla para conocer un río pequeñito pero con un secreto gigantesco escondido en sus orillas: el encantador río Eresma. Este cauce cristalino baja saltarín desde las cumbres nevadas de la Sierra de Guadarrama y se cuela entre pinares centenarios y valles preciosos hasta rodear una de las ciudades más bonitas de toda España.

Subido en una piña gigante de pino que encontró flotando a la orilla, Pinocho navegaba esquivando truchas saltarinas y cangrejos de río que le observaban curiosísimos desde debajo de las piedras musgosas.

¡El castillo que inspiró a la mismísima Disney!

Al girar una curva rodeada de álamos temblorosos, Pinocho levantó la mirada y pegó el grito más grande de toda su vida de explorador. ¡En lo alto de un peñasco puntiagudísimo, justo donde el río Eresma se junta con otro riachuelo chiquitín, se elevaba hacia el cielo el impresionante Alcázar de Segovia! Era un castillo tan absolutamente perfecto, con su torre del homenaje altísima, sus torrecillas puntiagudas de pizarra azul, sus muros de piedra dorada y su proa de barco de roca que cortaba el aire, que la propia compañía Disney se inspiró en él para dibujar el castillo de la Cenicienta. ¡No era una leyenda, era verdad!

Pinocho se quedó tan maravillado mirando hacia arriba que se le ocurrió una idea loquísima: subir hasta la torre más alta del castillo. Buscó entre su mochila algo para trepar y canturreó emocionadísimo mientras empezaba a escalar la roca:

«Trepando el peñasco agarrado fuertísimo a una cuerda,
Pinocho conquistó el Alcázar vigilante del río Eresma»

Al llegar jadeando a la ventanita más alta de la Torre de Juan II y asomarse al vacío, las vistas le dejaron sin palabras: el río Eresma brillaba como una cinta de plata serpenteando entre los verdes bosques cientos de metros más abajo. ¡Hasta las cigüeñas que anidaban en las almenas le miraban impresionadas como diciendo «¡pero este muñeco está locoooo!»!

¡Deslizándose de vuelta a la corriente!

Tras hacerse un dibujo rápido del paisaje desde la torre más alta y saludar al viento castellano con su capita dorada, Pinocho bajó a toda velocidad por su cuerda, saltó de nuevo a su piña flotante y se dejó llevar por el Eresma hacia los campos abiertos donde el río sigue su marcha tranquila hasta fundirse con el Duero.

Atrévete siempre a subir a los sitios más altos que encuentres, valiente explorador, ¡porque desde las torres de los castillos más bonitos del mundo se ven los ríos como hilos de plata que cosen las montañas con los valles!

🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!

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