¡Un paseo por la vieja Europa!
Preparado con sus mejores botas de caminar y una enorme sonrisa, nuestro querido amigo Pinocho llegó hasta el corazón de Europa. Frente a él se encontraba el larguísimo y súper famoso río Rin. Sus aguas tranquilas parecían susurrar antiguos cuentos de caballeros, dragones y castillos medievales.
Mientras navegaba en una pequeña barquichuela de madera con forma de zapato, Pinocho no dejaba de asombrarse. A ambos lados del río se levantaban gigantescas montañas verdes llenas de preciosos castillos de piedra. ¡Parecía que estaba viviendo dentro de un cuento de hadas de verdad!
Una clase de arte frente a la gran iglesia
Navegando y saludando a los simpáticos patos que le seguían, Pinocho llegó a una ciudad preciosa y se quedó con la boca abierta. Frente a él se alzaba la imponente Catedral de Estrasburgo. Era tan, pero tan alta, que parecía querer hacerle cosquillas a las nubes con su enorme aguja rosa.
Pinocho quedó tan impresionado con la belleza de esta catedral que sintió ganas de convertirse en artista por un día. Abrió rápidamente su pequeña mochila de explorador e hizo algo muy divertido:
«Sacó rápidamente su tiza y su pizarrín,
¡y dibujó la catedral a orillas del Rin!»
Su dibujo no era el mejor del mundo… ¡parecía que la catedral estaba un poco torcida! Pero los curiosos cisnes que se acercaron a fisgonear dieron unos graznidos muy alegres, como si le estuvieran aplaudiendo por su gran obra de arte.
¡Nuevas obras de arte nos esperan!
Tras guardar de nuevo su pizarrín en la mochila y despedirse de la grandiosa catedral, Pinocho tomó los remos de su zapatito-barca. Siguió bajando por el Rin canturreando alegremente, listo para ver qué nuevas sorpresas le esperarían en el recodo del río.
¡Afina tu imaginación y carga siempre tus colores, amigo aventurero, porque nunca sabes dónde te va a sorprender la magia en nuestro maravilloso planeta!
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
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