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Paisaje de ciudad

  • Pinocho y su fresca excursión por los misterios del río Dniéster

    Pinocho y su fresca excursión por los misterios del río Dniéster

    ¡Rumbo a las frías y mágicas tierras del este!

    Siempre con muchísimas ganas de conocer los confines del viento helado, el valiente niño de madera, Pinocho, viajó esta vez a la lejana Europa del Este para asomarse a las anchísimas y preciosas ondas cristalinas del río Dniéster. Este largo cauce serpentea maravillosamente por valles profundos, separando silenciosamente países enteros con su enorme abrazo de agua.

    A bordo de una sólida canoa, y esquivando de vez en cuando pedacitos traviesos de hielos pequeñitos, Pinocho admiraba los enormes árboles de la orilla que parecían saludosos soldados de rama, mientras multitud de peces curiosos se arremolinaban alrededor de su botecito dándole rítmicos golpecitos a las maderas.

    La gran fortaleza que no duerme nunca

    Llevado por la imparable fuerza del agua, Pinocho de pronto escuchó como ecos de viejas espadas chocando. Al coger una amplia curva en la ciudad de Bender su enorme asombro lo dejó boquiabierto: dominando sobre toda una enorme colina a la misma orilla, descansaba invencible la famosísima Fortaleza de Bendery. Esta antiquísima e inmensa fortificación de gruesísima piedra luce altísimas y puntiagudas torres rojas y muros descomunales con forma de gran estrella gigante que jamás nadie pudo tirar de un cañonazo.

    Tan fresquito hacía junto a los muros de la invencible fortaleza frente a aquellas heladas llanuras, que Pinocho, mientras admiraba las alucinantes torres, sacó una ropa calentita de su bolsa y nos regaló una improvisada estrofilla para entrar bien en calor:

    «Abrigándose deprisa con un mullidísimo y caliente suéter,
    Pinocho flotó maravillosamente de pirata por el Dniéster»

    Los guardias de la milenaria muralla en lo alto de los muros sonrieron de pura diversión estirando sus manos y agitando sus largas bufandas al ver a tamaño marinero aventurero de pequeñito tamaño pasar tan contento frente al gran paso milenario.

    ¡Nuevas nubes le llaman al horizonte azul!

    Dejando tras de sí las puntas de aquella indomable estrella de roca fortificada, remó con nuevos ánimos calentitos y abrigados para dirigir su proa hacia la siempre bella ciudad desembocadura del Mar Negro.

    Jamás te olvides de llevar una maletita con la ropa bien pensada, querido explorador, ¡hasta las mejores murallas de piedra invencible son mejor admiradas envueltas en un asombroso y calentito jersey!

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  • El divertido paseo en maquinita por el increíble río Po

    El divertido paseo en maquinita por el increíble río Po

    ¡Rumbo al larguísimo río italiano!

    Con unas divertidísimas gafas de pirata y saltando de un puro brinco transalpino, el imparable y aventurero Pinocho regresó a su adorada Italia para recorrer una de las sendas acuáticas más impresionantes de todas: el inmenso río Po. Este gran coloso azul viaja cruzando el norte entero del país del revés al derecho para empujar despacito su agua a las costas del gran mar Adriático.

    Dejando aparcado los viejos botes de corcho aburridos, esta vez Pinocho se compró un gracioso barquito de chapa pequeñito, y surcó tranquilamente todo el agua divisando a un lado las orillas gigantes, los grandes campos de trigo inmensos repletos y unas vacas con las manchas como la nieve mirando el pasar.

    La gran ciudad elegante con el templo más mágico

    Llegado a una gigante metrópolis flanqueada muy cerca por los hielos relucientes de los grandes Alpes, se paró admirado a visitar en la enorme ciudad a la Catedral de Turín. ¡Es la iglesia principal de esa bellísima urbe! Pintada maravillosamente de colores piedra blanquísima por todos lados, luce una enorme torre puntiaguda campanario de ladrillos rojos preciosísimos y custodiada a pocos pasos de un viejísimo e impresionante palacio real que perteneció a un poderosísimo rey saboyano.

    Encantantado e impresionadísimo frente al sagrado gigantesco templo y con la imaginación ardiendo al fuego de muchísima inventiva para su diario mágico saltarín, encendió su navío pequeño de chapa por el agua y canturreó:

    «Soplando fuerte sobre una chimenea a todo vapor,
    Pinocho surcó valiente los increíbles canales del río Po»

    Los grandes niños pequeñitos italianos, entusiasmados viendo pitar con el agua chiquitín del barquito a cuerda al niño de madera simpático, acompañaron a zancadilla toda la inmensa estrofa echándole infinitas miguillas dulcísimas a todos los cisnes curiosos.

    ¡Pitidos hacia todas las aguas marineras!

    Dando un reverendo pitido despidiéndose rumboso a todos los muchísimos niños turistas de la explanada bellísima en la ciudad, giró el timoncito miniatura a estribor y el barquito emprendió la dulce caída maravillosa al este rebotando de chapuzón al mar cristalino azul.

    Lleva muchísimas asombrosas y pintorescas piezas juguetonas dentro las maletas contigo, viajerito incansable, que la maravilla acuática más divertida siempre está aún por asomarse.

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  • Pinocho y su baile infinito en el espectacular río Ródano

    Pinocho y su baile infinito en el espectacular río Ródano

    ¡Rumbo al río con más fama musical!

    Dando un salto con tanta energía que casi llega a tocar las nubes, el pequeño aventurero Pinocho viajó de un lado a otro por la historia y aterrizó en las claras y fresquísimas aguas del gran río Ródano. Este grandísimo río nace muy alto allí en los blanquísimos Alpes suizos para terminar resbalando por los gigantes valles franceses hasta el mar Mediterráneo.

    Flotando sobre un viejo pero robusto tronco de madera suiza, se fue fijando en los pajaritos y gaviotas que bailoteaban muy bajito casi peinando las nubes reflejadas en el agua. Todas cantaban una animada melodía que nuestro muñeco no conseguía llegar a entender pero que le hacía mover una y otra vez sus deditos de madera muy divertidísimo.

    ¡El puente misterioso cortado por la mitad y un castillo gigante de piedra!

    Llegado a un meandro muy espectacular, los ojos se le saltaron casi de la cara al ver ante sus narices la maravillosa ciudad de Avignon. Todo lo dominaba un coloso, ¡el alucinante Palacio Papal de Avignon! ¡Era la casa y fortaleza más grande del mundo que construyeron los antiguos y poderosos papas! Las paredes eran gigantes y altísimas, para no dejar pasar ninguna flecha a su imponente y seguro interior.

    Pero lo que más le gustó estaba justo a los pies del Palacio, y sobre las mismas aguas: se trataba del mágico y romántico Pont d’Avignon, ¡un viejísimo puente chulísimo que se detiene por la mitad del agua sin acabar de cruzar jamás por un lado! Fascinado por ver aquella pista de baile tan maravillosa empedrada encima del río, cantó recordando la vieja cancioncita francesa de la región:

    «Cantando feliz, lleno de alegría y siempre danzando,
    Pinocho bajó rapidísimo por las veloces corrientes del Ródano»

    Las palomitas blanquísimas de los muros que custodiaban el grandioso teatro de piedra revolotearon sin descanso aleteando por todos los alrededores como si ellas mismas y todo el majestuoso bosque celebrara su alegre fiesta cantarina.

    ¡Volviendo a las veloces corrientes del mar!

    Tras saltar unas cuantas veces sobre los arcos del asombroso puente al más puro ritmo francés y echarse agua fresca al calor, Pinocho se dejó caer suavemente al tronco flotador de nuevo. Los grandísimos viajes no tienen tiempo de parada cuando toda el agua empuja tus riendas con tanta gana, velocidad y alegría a conocer cada país.

    No camines sin saltar un dedito a tu mejor comparsa de viaje, amigo incansable viajero, la historia suena mejor cuando siempre le pones toda tu gran sonrisa.

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  • El colorido paseo de Pinocho bajo la basílica gigante del río Ebro

    El colorido paseo de Pinocho bajo la basílica gigante del río Ebro

    ¡Rumbo al río con más caudal de toda España!

    Lleno de energía y calzando sus mejores zapatitos de madera bien impermeabilizados, el inagotable Pinocho saltó desde los mismísimos montes cántabros para acompañar desde el primer hilito de agua a nuestro siguiente gran protagonista: el colosal río Ebro. Este cauce es tan famoso y poderoso que es el río más caudaloso (¡el que lleva más cantidad de agua!) de los que nacen y mueren íntegramente en España.

    Pinocho se deslizó río abajo abrazado fuertísimo al lomo de un simpático y enorme pez siluro que le sirvió como transporte submarino. Sentado como si fuera un jinete acuático, iba viendo cómo los inmensos meandros (unas curvas de agua de lo más mareantes) dibujaban el paisaje a su alrededor y peinaban los verdes campos.

    Una obra de arte inmensa en las orillas del agua

    Dando un gran derrape por las aguas, Pinocho llegó a la céntrica ciudad de Zaragoza donde sus ojitos saltaron de impresión. Se paró en seco a orillas del agua. Delante suya, ¡con cuatro torres elevadísimas que querían tocar de puntillas el mismísimo cielo!, se erguía orgullosa la increíble Basílica del Pilar de Zaragoza. Un edificio religioso espectacular que no solo asombra a todo el mundo por la cantidad de cúpulas con azulejos preciosos en sus techos al sol, sino porque todo el grandioso templo se refleja como un gigantesco y exacto espejo dorado en las anchas espaldas del río Ebro cuando atardece.

    Queriendo descansar de su alocada cabalgata a lomos del pez gigante y para admirar con calma su reflejo, se sentó a la dulce brisa del viento mientras cantaba para todos sus nuevos amigos:

    «Sentándose a descansar a gusto bajo la sombra de un verde enebro,
    Pinocho asombraba a todo el mundo a las orillas del Ebro»

    Unas abuelitas que paseaban de brazos por la orilla le aplaudieron dulcemente y le invitaron a unos ricos caramelitos por su maravillosa estrofa.

    ¡Deslizándose hacia las deltas del gran mar!

    Tras hacerse una buena foto sonriente con su siluro montura bajo la atenta y cálida mirada de la Basílica, el niño de madera siguió viaje atravesando tierras de labranzas y castillos, hasta zambullirse de lleno entre las aves del último tramo del río en el mar Mediterráneo.

    Busca siempre un buen árbol bajito donde descansar el paso, explorador, ¡pues todo lo bueno se vive más hermoso desde de un mullido cojín de tierra!

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  • Pinocho y su increíble viaje romano por el juguetón río Guadiana

    Pinocho y su increíble viaje romano por el juguetón río Guadiana

    ¡El misterioso río que juega al escondite!

    Con unas nuevas gafitas de sol y muchísima energía en sus piernas de madera, Pinocho saltó desde los calurosos campos de la Península Ibérica hasta las orillas de un cauce muy peculiar: el río Guadiana. Este río es famoso mundialmente porque le encanta gastar bromas a los exploradores: ¡a veces se esconde cientos de metros debajo del suelo y de repente vuelve a brotar mágico como si nada!

    Flotando sobre un viejo tablón liso y dejándose llevar por las aguas, Pinocho veía cómo las orillas estaban repletas de pajaritos que bebían de sus aguas dulces. El sol acariciaba su naricilla mientras las tímidas serpientes de agua nadaban a su lado invitándole a jugar al pilla-pilla.

    Una obra de teatro milenaria para gigantes

    Navegando y saludando a las amigables cigüeñas de Extremadura, Pinocho llegó a una ciudad que respiraba historias por todos sus poros: la maravillosa Mérida antigua ciudad romana. A poquísimo de las aguas del río se asombró muchísimo al descubrir el gigante y majestuoso Teatro de Mérida. ¡Era enooooorme! Sus grandísimas gradas de piedra y sus alucinantes columnas formaban un escenario en el que todavía a día de hoy, dos mil años después, ¡actores de verdad se visten de romanos y actúan para atrapar al público de noche bajo las estrellas!

    A Pinocho le entraron tantas ganas de actuar en aquel escenario que, buscando hacer una entrada espectacular desde los arbolitos del río, exclamó riendo a carcajadas:

    «Lanzándose como un mono atado a una liana,
    Pinocho actuó muy feliz sobre las aguas del Guadiana»

    Los pájaros que hacían sus nidos en las antiguas columnas romanas trinaron muy fuerte aplaudiendo la magnífica y simpática actuación de nuestro mejor amigo aventurero de madera.

    ¡Rumbo de vuelta a Portugal al sol poniente!

    Tras despedirse del gigantesco escenario romano y agradecer las plumas amigas, Pinocho saltó de la orilla de vuelta a su tablón. Las corrientes subterráneas del Guadiana aún tenían muchas sorpresas bajo la chistera antes de bañar las bonitas costas del gran océano en Portugal.

    Empaca siempre muchas ganas de pasarlo en grande, curioso aventurero, ¡porque en las orillas de los grandes ríos hay disfraces, ruinas y escenarios de cuento infinitos que te dejarán con la boquita abierta!

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  • Pinocho y el grandioso castillo imperial del larguísimo río Tajo

    Pinocho y el grandioso castillo imperial del larguísimo río Tajo

    ¡Rumbo al río más largo de la península!

    Con su mochilita siempre repleta de grandes mapas y mucha emoción, nuestro gran amigo Pinocho viajó hasta otro de los enormes cauces de agua de España. ¡Pero este no era un cauce cualquiera! Había llegado al inmenso río Tajo, el río más largo de toda la Península Ibérica, que nace entre pequeñas roquitas y acaba cruzando Portugal entero para llegar al mar.

    Pinocho se agenció un barquito de papel de periódico muy resistente, le puso una pequeña vela de color azul, y empezó a navegar a toda vela por las largas y serpenteantes curvas del río. Los pequeños pececillos iban saltando por delante guiándole por la orilla, ¡era una excursión de maravilla!

    Una ciudad mágica abrazada por el agua

    De repente, al coger una curva muy cerrada, Pinocho tuvo que frotarse los ojos con sus deditos de madera. Frente a él se levantaba una colina gigante que parecía una isla de piedra abrazada fuertemente por las aguas del río. Era la histórica ciudad de Toledo, y coronando la cima, vigilando desde los cielos, se alzaba imponente el Alcázar de Toledo. Se trataba de un edificio de piedra cuadriculado y grandioso, con cuatro torres gigantes en cada esquina que alguna vez alojó a poderosos reyes y emperadores de armadura brillante.

    Nuestro amigo no se lo podía creer. Fascinado por ver aquella inmensidad colgada del cielo encima del río, decoró la proa de su lindo barquito de papel con algo que le habían regalado unos monjes de la orilla para darle muchísima suerte:

    «Colocando en su barco como amuleto una gran ristra de ajo,
    Pinocho bajó feliz admirando las ciudades del río Tajo»

    Los ancianos de la ciudad que paseaban por los inmensos y altísimos puentes de piedra sonrieron al ver a ese simpático e inteligente niño de madera que viajaba ahuyentando las malas vibraciones con sus ajos de la suerte.

    ¡El abrazo de Portugal nos reclama!

    Contentísimo de haber visto un edificio tan enorme y espectacular tan cerquita del cielo, Pinocho se sentó al timón de su barquito de periódico. Las fuertes corrientes del Tajo aún tenían que pasearle por incontables valles hasta llegar a su meta gigante en el Océano Atlántico.

    Ponte unos buenos zapatos de caminante, aventurero amigo, porque hay mil palacios gigantes escondidos en las curvas de todos los ríos esperando que vayas a descubrirlos.

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  • Pinocho y el increíble templo de escamas en el río Duero

    Pinocho y el increíble templo de escamas en el río Duero

    ¡De vuelta al río mágico de los molinos!

    Llevado por su gran espíritu curioso, nuestro aventurero de madera favorito, Pinocho, aterrizó en el brillante interior de España para sumergirse en uno de sus ríos más majestuosos: el ancho río Duero. Este inmenso cauce de agua cristalina cruza unos llanos espectaculares, regando bosques llenos animalillos y cruzando antiguas ciudades de leyenda.

    A bordo de una gran hojita seca de otoño cruzando el agua dulce como si fuera un barco, Pinocho podía escuchar a los pececillos que saltaban por todos lados. ¡Hacía un día precioso y los pajaritos trinaban con muchísima fuerza animando la excursión de nuestro amigo!

    La ciudad del castillo y la cúpula mágica

    Siguiendo con tranquilidad las olas cristalinas, divisó a lo lejos, encaramada en lo alto de una colina gigante junto a la orilla del agua, la poderosísima ciudad medieval de Zamora. Allí, reluciendo bajo la luz del cielo azul, se sentaba majestuosa la Catedral de Zamora. ¡Era grandiosa y un poquito diferente a las habituales! Su altísima cúpula redonda, o «cimborrio», estaba recubierta de pequeñas tejas de piedra con forma de escamas, como si de repente fuera la espalda brillante de un enorme dragón durmiente.

    Maravillado con los milagros de los antiguos constructores y queriendo saludar a unas simpáticas cigüeñas que hacían su nido en lo alto del tejado, el niño de madera empezó a cantar desde el río:

    «Quitándose contento y muy alegre su sombrero,
    Pinocho nadaba a sus anchas por todo el ancho Duero»

    Las cigüeñas hicieron sonar al unísono con muchísima fuerza y alegría sus larguísimos picos. ¡Cro-toro-cro-toro! Aquello sonó como el aplauso más alucinante de la naturaleza de toda la excursión en aquellas históricas tierras maravillosas.

    ¡Rumbo al inexplorado mar!

    Tras hacerse su ya clásico saludo pirata agitando de arriba a abajo su sombrero hacia la espectacular cúpula de escamas de dragón, Pinocho tomó los mandos de su botecito para continuar su viaje tranquilo hasta las gigantes saladas aguas del país vecino, Portugal.

    Sigue leyendo, amigo aventurero, ¡pues la Tierra es el lugar más increíble que jamás encontraremos y nuestro incansable muñeco aún tiene fuerzas de sobra para mil rincones más!

    🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!

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  • El divertido crucero de Pinocho y el increíble canal del río Garona

    El divertido crucero de Pinocho y el increíble canal del río Garona

    ¡Rumbo a la asombrosa Ciudad Rosa!

    Con unos nuevos y mágicos manguitos ajustados a sus brazos de madera, el intrépido explorador Pinocho surcó las corrientes viajando por el suroeste de Francia hasta llegar al impresionante río Garona. Este gigante y serpenteante cauce de agua nace muy cerquita de España, en lo alto de los Pirineos, ¡y su agua está fresquísima!

    Flotando feliz de la vida, pronto las orillas del río se tiñeron de un color muy especial. Todos los grandes edificios y puentes empezaron a brillar en tonos rojizos bajo el sol. Había llegado a la gran metrópolis de Toulouse, ¡conocida familiarmente por todos como «La Ciudad Rosa» gracias a los preciosos ladrillos de arcilla de sus construcciones!

    Una plaza colosal y el canal sin fin

    Al atracar su barquita en el centro exacto de la ciudad de cuento, Pinocho subió por unas escaleritas para descubrir el mismísimo Capitole de Toulouse. ¡Guau! Se trataba del bellísimo ayuntamiento, con un largo edificio coronado de banderas y una plaza pavimentada del tamaño de un castillo donde se podían pintar a tiza constelaciones gigantescas. Pero aún le esperaba algo más alucinante muy cerquita: el Canal du Midi, una antiquísima línea de agua excavada hace varios siglos para conectar directamente el río con el mar Mediterráneo. ¡Una obra maestra por donde pasaba la gente paseando de maravilla!

    Para dejar su botecito bien limpio antes de atravesar las alucinantes esclusas del Canal du Midi, el niño de madera sacó sus utensilios de la mochila y nos regaló unas buenas risas cantando sin parar:

    «Limpiando su barca a fondo con su gran fregona,
    Pinocho nadaba a gusto por todo el río Garona»

    Al oír el ruidito y ver con cuánta energía utilizaba su fregona miniatura el increíble muñeco, los patitos del canal se partieron de risa chapoteando divertidos alrededor de él.

    ¡De cabeza al mar turquesa!

    ¡El viaje desde el antiguo y gigantesco Capitolio había supuesto un día alucinante! Con su nave bien abrillantada como nueva en las aguas tranquilas, Pinocho atravesó las puertecitas fluviales del interminable canal guiándose directamente hacia el mágico Mediterráneo.

    Acuérdate de llevar el color que más te guste allá donde vayas, amigo viajero, ¡pues el mundo entero es tan gigante y diverso que te costará elegir tu rincón favorito!

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  • El divertido chapuzón de Pinocho en el tranquilo río Charente

    El divertido chapuzón de Pinocho en el tranquilo río Charente

    ¡Una travesía por los viñedos mágicos!

    Con ganas de disfrutar de la calma y degustar sabrosas uvas, el intrépido Pinocho volvió a hacer las maletas y viajó hasta otra preciosa región de Francia. Allí lanzó su pequeña canoa de madera a las aguas del famosísimo río Charente, un río tan bonito y tranquilo que los propios reyes de Francia decían que era el más hermoso del país.

    Pinocho remaba despacito, esquivando coquetas libélulas azules que se posaban en su nariz de madera para descansar de sus vuelos. Por el camino, desde su barca, veía inmensos y soleados viñedos repletos de campesinos que saludaban agitando sus sombreros de paja. ¡Había una paz increíble!

    Una parada espectacular en lo alto de la colina

    Al llegar a la maravillosa ciudad amurallada de Angulema, Pinocho se dio cuenta de que no todo el terreno era tan llano. Mirando hacia arriba, vio elevarse majestuosa sobre todos los edificios blancos la bellísima Catedral de Angulema. Era un edificio alucinante, repleto de cientos de pequeñas esculturas antiguas talladas en la piedra que parecían contar viejas historias de caballeros y dragones.

    Tantas ganas tenía de subir a ver la grandiosa iglesia de cerca que amarró su barca rápidamente y empezó a correr, pero se dio cuenta de un pequeño detalle que le hizo cantar a pleno pulmón mientras subía:

    «Subiendo a toda prisa por una gran pendiente,
    Pinocho trepó para ver desde arriba el Charente»

    Aunque llegó arriba resoplando y casi sin aliento en sus pulmoncitos de madera, las vistas majestuosas del ancho río brillando al sol desde la catedral hicieron que la larguísima subida valiera completamente la pena.

    ¡La llamada de las aguas cristalinas!

    Tras hacerse una foto imaginaria junto a los monigotes de piedra de la gran catedral y comer algunas riquísimas moras de la plaza, Pinocho corrió pendiente abajo para volver a zambullirse en su pequeña canoa sobre las brillantes aguas del río en dirección al mar.

    Mantén siempre tus ojos bien abiertos cuando visites grandes monumentos, aventurero, ¡siempre hay esculturas de piedra escondidas que parecen devolverte la mirada!

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  • El verde viaje de Pinocho y el gran castillo en el río Shannon

    El verde viaje de Pinocho y el gran castillo en el río Shannon

    ¡Rumbo a la Isla Esmeralda!

    Dando un gran salto y con su gorrito de madera bien sujeto para que no se lo llevara el fuerte viento, Pinocho viajó hasta las mágicas tierras de Irlanda. Allí se encontró con el larguísimo río Shannon, el río más largo de toda la isla, famoso por cruzar campos que son más verdes que una manzana Granny Smith.

    Para navegar por aquellas increíbles y frías aguas, Pinocho se sentó dentro de un antiguo barril de madera y empezó a remar con una cuchara gigante. ¡Las ovejas ovejitas que pastaban en la orilla lo miraban asombradas y hacían «Beee, beee» riéndose de su graciosa forma de viajar!

    El castillo del Rey Juan

    De pronto, el río le llevó hasta la alucinante ciudad de Limerick. ¡Allí se levantaba, justo a la orilla del agua, el impresionante King John’s Castle de Limerick! Era un castillo de verdad, con dos enormes torres redondas de piedra gris y unas murallas tan gruesas que ningún cañonazo podría tirarlas jamás. Los pajaritos hacían sus nidos en las rendijas de las piedras milenarias.

    Pinocho estaba tan alucinado imaginándose a los antiguos caballeros de brillantes armaduras defendiendo esas murallas, que soltó su remo de cuchara para despedirse de unos amigables cerditos de la orilla y canturreó:

    «Saludando a los cerditos agitando su mano,
    Pinocho aprendió grandes historias en el río Shannon»

    Los cerditos comenzaron a dar saltitos de alegría y las gentes de la maravillosa ciudad de Limerick le saludaron riendo desde el enorme y viejo puente de piedra del castillo.

    ¡Hacia el océano y más allá!

    Tras despedirse del increíble castillo del Rey Juan y de sus nuevos amigos de granja, Pinocho retomó su vieja cuchara para seguir remando hacia el océano Atlántico, donde el gran río Shannon se abraza por fin con todas las olas del ancho mar.

    No olvides nunca, pequeño aventurero, ¡que viajar por los grandes ríos de nuestra Tierra es la mejor manera de encontrar castillos de leyenda! ¿Nos acompañas en la próxima?

    🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!

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