¡Rumbo al río de los colores imposibles!
Con unas botas de agua altísimas y unos prismáticos de explorador colgados al cuello, el curioso Pinocho viajó hasta las calurosas tierras de Huelva, en Andalucía, para descubrir un río que guarda uno de los secretos naturales más asombrosos de toda Europa: el misterioso río Odiel. Este cauce baja desde las minas de la sierra onubense y tiene algo muy especial: ¡sus aguas de cabecera brillan con un color rojizo anaranjado increíble por culpa de los minerales que arrastra desde hace millones de años!
Flotando sobre un corcho de los que se usan para las redes de pesca, Pinocho bajaba fascinado viendo cómo la vegetación iba cambiando a medida que el río se acercaba al mar. Los pinos iban dejando paso a matorrales bajitos, y el aire empezaba a oler a sal y a brisa marina.
¡Un paraíso de barro, sal y alas rosas!
De pronto, el río se abrió enormemente y Pinocho se quedó absolutamente sin palabras. Frente a él se extendían hasta el horizonte las espectaculares Marismas del Odiel, un laberinto infinito de canales de agua salada, islotes de barro brillante y praderas pantanosas que cambiaban de color con cada reflejo del sol. La UNESCO las declaró Reserva de la Biosfera porque son el hogar de miles y miles de aves de todo el planeta.
Y entonces lo vio: cientos y cientos de flamencos rosas levantando el vuelo al unísono desde las aguas poco profundas, formando una nube rosada gigantesca contra el cielo azul. Espátulas blancas, águilas pescadoras y avocetas elegantísimas paseaban por el barro entre cangrejos diminutos. Era el espectáculo de la naturaleza más bonito que Pinocho había visto en su vida entera. Emocionadísimo y con una lagrimita de resina en el ojo, sacó un tarrito dorado de su mochila y canturreó bajito para no espantar a las aves:
«Endulzando el atardecer con un dedito de rica miel,
Pinocho contempló las marismas mágicas del río Odiel»
Un flamenco rosa grandote y elegantísimo que estaba pescando a solo unos metros de su corcho levantó una pata larguísima y giró su cuello en forma de ese como si le estuviera haciendo una reverencia de agradecimiento al muñeco silencioso por no haber gritado ni una sola vez.
¡Donde el río se funde con el océano infinito!
Con el tarrito de miel bien cerrado y los prismáticos empañados de pura emoción, Pinocho dejó que la marea le empujara suavemente por los últimos canales de las marismas hasta el punto exacto donde el Odiel se abrazaba con el río Tinto para juntos desembocar en el gran Atlántico, justo al ladito de donde Colón zarpó rumbo a América.
Observa siempre en silencio cuando la naturaleza te regale un espectáculo de alas y colores, querido explorador, ¡porque las marismas más bonitas del mundo solo dejan ver sus secretos a los que saben quedarse quietecitos y escuchar!
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
¿Te ha gustado esta historia? Descubre todos los ríos del mundo en la colección oficial.
📚 Ver y comprar libros completos en PDF
Deja una respuesta