¡Rumbo al río más extraño y marciano de la Tierra!
Con unas gafas de laboratorio científico y un cuaderno de apuntes bajo el brazo, el aventurero más curioso de todo el mundo de madera, Pinocho, viajó hasta la sierra de Huelva, en Andalucía, para ver con sus propios ojos algo que le habían contado y no se creía: un río que no es azul, ni verde, ni transparente… ¡sino completamente ROJO! Se trataba del increíble río Tinto, un cauce tan extraordinario que hasta la mismísima NASA lo ha estudiado porque se parece muchísimo al suelo del planeta Marte.
Pinocho se asomó a la orilla y se quedó de piedra. El agua tenía un color rojo sangre intensísimo que brillaba bajo el sol como si alguien hubiera volcado millones de botes de pintura bermellón. ¡Y las piedras de las orillas tenían colores amarillos, naranjas y morados alucinantes! Todo parecía sacado de una película de ciencia ficción.
¡El agujero más grande del mundo antiguo!
Siguiendo el cauce rojo montaña arriba, Pinocho llegó al origen de todo aquel misterio de colores: las legendarias Minas de Riotinto. ¡Se quedó con la boca abierta como un buzón! Delante de él había un cráter descomunal excavado en la tierra, tan enorme y tan profundo que parecía mordisco de un gigante del tamaño de una montaña. Desde hacía más de cinco mil años, romanos, árabes, ingleses y españoles habían sacado cobre, oro y plata de aquellas entrañas rojizas de la tierra, ¡y todos esos minerales eran los culpables de teñir el río de ese color tan alucinante!
Pinocho se sentó al borde de la corta minera con los piececitos de madera colgando al vacío, maravillado con aquel paisaje de otro mundo. ¿Cómo podía la naturaleza crear algo tan raro y tan bonito a la vez? Sintiéndose como un auténtico astronauta explorador en la superficie de Marte, canturreó con los ojos como platos:
«Explorando ese paisaje marciano guiándose por instinto,
Pinocho descubrió los secretos rojos del inmenso río Tinto»
Un lagarto enorme de color verdoso que tomaba el sol entre las piedras rojísimas de la mina levantó la cabeza asintiendo con parsimonia, como diciendo: «Sí, chavalín, esto lleva aquí millones de años y siempre quita el hipo a los visitantes nuevos».
¡Bajando el río marciano hasta el océano!
Con las botas manchadas de rojo, naranja y amarillo y el cuaderno de apuntes repleto de dibujos imposibles de cráteres y aguas de colores, Pinocho bajó correteando de vuelta a la orilla del río rojo para seguir su curso ladera abajo hasta el punto exacto donde se junta con su vecino el Odiel para desembocar juntitos en el gran Atlántico.
Investiga siempre todo lo que te parezca raro y diferente, querido explorador científico, ¡porque los lugares más extraños de nuestro planeta son los que guardan las lecciones más fascinantes de toda la historia de la Tierra!
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
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