¡Rumbo al río con nombre de piedra preciosa!
Con una flor tropical metida detrás de la oreja y su sonrisa más brillante, el inagotable explorador de madera, Pinocho, aterrizó en la costa del precioso Ecuador para sumergirse en un río con el nombre más bonito que jamás había escuchado: el fabuloso río Esmeraldas. ¡Y es que sus aguas tienen un color verde tan intenso y reluciente que parece que alguien hubiera derretido millones de piedras preciosas para llenar el cauce entero!
Subido a un coco gigante partido por la mitad que le servía de barca redondita, Pinocho remaba con una ramita mientras escuchaba los tambores lejanos de las comunidades afroecuatorianas que viven a orillas del río y que llenan el aire de ritmos contagiosísimos y alegría pura.
¡El bosque que camina sobre el agua!
A medida que el río fue ensanchándose más y más acercándose al mar, algo increíble apareció ante los asombradísimos ojos de Pinocho. Las orillas desaparecieron por completo y en su lugar se levantaba un laberinto mágico e interminable de árboles que crecían directamente desde el agua: ¡los espectaculares Manglares del estuario del río Esmeraldas! Eran cientos de árboles altísimos con unas raíces enmarañadas y retorcidas que salían del agua como enormes patas de araña, formando túneles secretos y escondites perfectos para cangrejos, pelícanos y pececillos de colores.
Pinocho navegó despacito por aquellos pasadizos acuáticos entre las raíces, sintiendo que estaba dentro de un palacio natural encantado. Tan maravillado estaba con tanta belleza verde que sacó de su mochilita unas tiras de flores y hojitas que había ido recogiendo por el camino y canturreó emocionadísimo:
«Decorando los manglares con preciosas y coloridas guirnaldas,
Pinocho nadó encantado por el verde río Esmeraldas»
Los cangrejos violinistas levantaron sus pinzas gigantes aplaudiendo al compás, y un grupo de fragatas (unos pajaracos negros con un globito rojo en el pecho) inflaron orgullosísimos sus buches de color escarlata como si estuvieran celebrando la fiesta más bonita que jamás habían visto en su manglar.
¡Donde el río besa al gran océano Pacífico!
Con sus guirnaldas flotando alegremente entre las raíces del manglar como decoración eterna, Pinocho dejó que la última corriente lo llevara dulcemente hasta el punto exacto donde el río verde se mezclaba con las enormes olas azules del Pacífico. ¡Qué espectáculo de colores ver el verde fundiéndose con el azul!
Recoge siempre florecitas y hojitas bonitas en tus paseos, querido explorador, ¡porque la mejor manera de agradecer a la naturaleza todas sus maravillas es devolverle un poquito de arte y de cariño!
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
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