¡Rumbo a las montañas asturianas más verdes del mundo!
Con un casco de piragüista bien amarrado a su cabecita de madera y un chaleco salvavidas naranja fluorescente, el emocionadísimo Pinocho viajó hasta el corazón de Asturias, en el norte de España, para vivir una de las aventuras más trepidantes de toda su vida viajera: ¡navegar por el velocísimo y famosísimo río Sella! Este río baja como un cohete desde las altísimas montañas de los Picos de Europa, saltando entre rocas enormes y formando pozas de agua cristalina donde los salmones remontan la corriente con unos saltos espectaculares.
Pinocho se metió en una piragua roja chiquitita y agarró el remo con sus dos manitas de madera. ¡El agua le salpicaba por todos lados y los rápidos le hacían dar brincos tan grandes que se le movía hasta la nariz!
¡El puente romano más famoso de España!
Antes de lanzarse al gran descenso, Pinocho pasó remando por debajo de una auténtica maravilla de piedra: el legendario Puente de Cangas de Onís. Era un puente medieval altísimo con un arco enorme en el centro del que colgaba una réplica de la famosa Cruz de la Victoria, el símbolo de toda Asturias. Las piedras antiguas cubiertas de musgo verde parecían susurrar historias de reyes y batallas mientras el agua del Sella pasaba rumorosa por debajo.
Y entonces llegó el momento que todo el mundo estaba esperando: ¡el mítico Descenso del Sella! Es la fiesta piragüística más famosa de toda España, donde miles de piragüistas bajan a toda velocidad desde Arriondas hasta Ribadesella entre los gritos de los espectadores que animan desde las orillas. Pinocho se lanzó a toda pastilla esquivando rocas, saltando rápidos y salpicando a todo el mundo mientras gritaba a pleno pulmón:
«Celebrando la llegada brindando con su botella,
Pinocho cruzó el primero la línea de meta del río Sella»
Todos los asturianos que llenaban las orillas estallaron en aplausos enormes al ver a ese graciosísimo muñeco de madera ser el primero en cruzar la meta de Ribadesella. ¡Le pusieron una coronita de laurel en la cabeza y le llenaron la piragua de quesos de Cabrales y sidra asturiana para celebrar la gran victoria!
¡Chapuzón final en el Cantábrico!
Con los brazos levantados como un campeón olímpico y todavía salpicado de agua de pies a cabeza, Pinocho dejó que los últimos metros del Sella le llevaran suavecito hasta la preciosa playa de Ribadesella, donde el río se funde con las enormes olas del mar Cantábrico en un abrazo espumoso.
Lánzate siempre a las aventuras que te den un poquito de miedo, valiente explorador, ¡porque las mejores victorias de la vida están siempre al final de los rápidos más emocionantes!
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
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