¡Rumbo al río con más caudal de toda España!
Lleno de energía y calzando sus mejores zapatitos de madera bien impermeabilizados, el inagotable Pinocho saltó desde los mismísimos montes cántabros para acompañar desde el primer hilito de agua a nuestro siguiente gran protagonista: el colosal río Ebro. Este cauce es tan famoso y poderoso que es el río más caudaloso (¡el que lleva más cantidad de agua!) de los que nacen y mueren íntegramente en España.
Pinocho se deslizó río abajo abrazado fuertísimo al lomo de un simpático y enorme pez siluro que le sirvió como transporte submarino. Sentado como si fuera un jinete acuático, iba viendo cómo los inmensos meandros (unas curvas de agua de lo más mareantes) dibujaban el paisaje a su alrededor y peinaban los verdes campos.
Una obra de arte inmensa en las orillas del agua
Dando un gran derrape por las aguas, Pinocho llegó a la céntrica ciudad de Zaragoza donde sus ojitos saltaron de impresión. Se paró en seco a orillas del agua. Delante suya, ¡con cuatro torres elevadísimas que querían tocar de puntillas el mismísimo cielo!, se erguía orgullosa la increíble Basílica del Pilar de Zaragoza. Un edificio religioso espectacular que no solo asombra a todo el mundo por la cantidad de cúpulas con azulejos preciosos en sus techos al sol, sino porque todo el grandioso templo se refleja como un gigantesco y exacto espejo dorado en las anchas espaldas del río Ebro cuando atardece.
Queriendo descansar de su alocada cabalgata a lomos del pez gigante y para admirar con calma su reflejo, se sentó a la dulce brisa del viento mientras cantaba para todos sus nuevos amigos:
«Sentándose a descansar a gusto bajo la sombra de un verde enebro,
Pinocho asombraba a todo el mundo a las orillas del Ebro»
Unas abuelitas que paseaban de brazos por la orilla le aplaudieron dulcemente y le invitaron a unos ricos caramelitos por su maravillosa estrofa.
¡Deslizándose hacia las deltas del gran mar!
Tras hacerse una buena foto sonriente con su siluro montura bajo la atenta y cálida mirada de la Basílica, el niño de madera siguió viaje atravesando tierras de labranzas y castillos, hasta zambullirse de lleno entre las aves del último tramo del río en el mar Mediterráneo.
Busca siempre un buen árbol bajito donde descansar el paso, explorador, ¡pues todo lo bueno se vive más hermoso desde de un mullido cojín de tierra!
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
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