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  • El dulce y asombroso paseo de Pinocho por el inmenso río Esequibo

    El dulce y asombroso paseo de Pinocho por el inmenso río Esequibo

    ¡Rumbo al gigante río de los mil colores tropicales!

    Llevando su gran naricita muy alzada oliendo las brisas fantásticas, el explorador más simpatiquísimo del mundo, Pinocho, aterrizó en plena Sudamérica para sumergir sus pasitos de madera en un cauce espectacular y súper poco conocido: ¡el caudaloso e inmenso río Esequibo! Es uno de los gigantes absolutos de Sudamérica que discurre enmarañado entre miles de islas selváticas hasta chocar contra el infinito océano Atlántico.

    Construyéndose deprisa una grandísima tabla de frondosas hojitas anaranjadas como barquita mullida, flotaba muy gustosamente esquivando los inofensivos traviesos sapitos que iban saltando por delante trazando curiosos laberintos sobre el agua azulita de las cálidas cascadas.

    Montañas dulces de cacao y bosques de infinito azúcar

    Llevado calmadamente por los remolinos y brisas hermosísimas, los ojitos redondos del amigacho muñeco se abrieron como dos clarísimas lunas al adentrarse el río por un asombrosísimo valle escondidísimo. Todas las gigantes e inmensas riberas estaban bañadas de gigantescas y maravillosas Plantaciones de cacao, café y dulce azúcar. ¡Era un escenario colosal verdaderamente achocolatado donde la riquísima selva parecía ser toda comestible y deliciosa!

    Fascinadísimo por aquellos aromas de pastelitos riquísimos de pura naturaleza achocolatada, sacó un papelucho chiquitín del sombrerito e imitó ser un simpático vendedor rimbombante cantarín:

    «Firmando muy feliz con su pluma un divertido recibo,
    Pinocho paseó su gran sonrisa por el anchísimo Esequibo»

    Los grandísimos papagayos coloridísimos, maravillados y riendo por los fantásticos teatrillos del viajero niñito, aletearon muchísimo dejándole caer granitos olorosos de cacao sobre su enorme sombrerito para que siempre recordase esos preciosísimos aromas gigantes.

    ¡Rumbo a estrellarse con las saladas olas gigantes!

    Dando incontables agradecidísimos aplausos de gratitud a tamaña merienda imaginaria escondidísima de los arbolitos mágicos de chocolate y grandísimo azúcar dorado, retomó a pataleta feliz toda la anchurosa bajada gigante hacia el océano salpicoso Caribe para chofetear feliz.

    Apunta muy certeramente todos los valles escondidísimos mágicos viajero goloso y valiente, ¡porque todos los inmensos mares y gigantes ríos guardan muchísimas e incontables piruletas boscosas que jamás de los jamases te habrías sabido imaginar de antemano!

    🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!

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