¡Rumbo a las verdes y lluviosas tierras de Galicia!
Equipado con un magnífico chubasquero amarillo y unas botitas de agua para chapotear a gusto, nuestro queridísimo Pinocho viajó hasta el rincón más verde y mágico de toda España: ¡Galicia! Allí nace y serpentea entre bosques de robles centenarios y valles de niebla encantada el precioso río Miño, el río más largo e importante de toda la comunidad gallega, que acaba haciendo de frontera natural con Portugal antes de abrazarse al océano Atlántico.
Montado encima de una enorme concha de vieira (el símbolo de los peregrinos del Camino de Santiago), Pinocho navegaba encantadísimo. La lluvia fina y suavecita, llamada cariñosamente «orballo» por los gallegos, le hacía cosquillas en la nariz de madera mientras las vacas rubias de las praderas le miraban pasar mugiendo tranquilamente desde la orilla.
¡Un abrazo de piedra gigante que no se acaba nunca!
Remontando un poquitín el curso del agua, Pinocho llegó hasta la antiquísima ciudad de Lugo y se quedó absolutamente petrificado de asombro. ¡Rodeando la ciudad entera como un cinturón gigante de piedra estaba la famosa Muralla de Lugo! Es una construcción romana alucinante de más de dos mil años que abraza toda la ciudad sin un solo huequito: ¡más de dos kilómetros completos de muro altísimo con torres enormes y redondas donde los legionarios romanos vigilaban día y noche! Es tan increíble que la declararon Patrimonio de la Humanidad.
Pinocho subió correteando por unas escaleritas de piedra hasta caminar por encima de la muralla, paseando por el mismo camino que pisaron los legionarios romanos hace dos milenios. Un vientecillo fresquito de montaña le revolvió la ropita y entonces sacó de la mochila algo suavecísimo que le habían regalado y cantó alegremente:
«Abrigándose feliz con su capa blanca de suave armiño,
Pinocho paseó como un auténtico rey por las aguas del Miño»
Los gatos callejeros que dormitaban acurrucados entre las piedras milenarias de la muralla abrieron un ojito perezoso al escuchar la rima y ronronearon contentísimos, como dándole la aprobación oficial a ese simpático monarca de madera que desfilaba sobre sus antiguas piedras.
¡Bajando hacia la raya portuguesa!
Tras dar una vuelta completa caminando por encima de la muralla entera y despedirse de los gatitos guardianes, Pinocho bajó las escaleras saltando de dos en dos y volvió a subirse a su concha de vieira para dejarse llevar por la corriente del Miño río abajo, hacia los viñedos del Ribeiro y las costas bravas del Atlántico.
Pasea siempre por encima de las murallas antiguas que encuentres, querido explorador, ¡porque desde las alturas de la historia se ve el mundo más bonito y se entiende mucho mejor de dónde venimos todos!
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
¿Te ha gustado esta historia? Descubre todos los ríos del mundo en la colección oficial.
📚 Ver y comprar libros completos en PDF


