¡Rumbo al ancho río de las grandes planicies!
Inasequible al cansancio y siempre cargado con mil ganas de hacer nuevos simpáticos amiguitos, el divertido viajero de madera, Pinocho, aterrizó en el rincón sureste de Europa para sumergirse en la enorme tranquilidad del fabuloso río Don. Es un gigante y pacífico río anchísimo y muy largo, rebosante siempre de viejos barcos pesqueros y de paisajes que quitan absolutamente todo el hipo a los grandes pintores.
Flotando esta vez en una pequeña camita de salvavidas hinchable para no hundir sus piernecitas de madera, el alegre explorador veía pasar enormes y preciosas cigüeñas que sobrevolaban las plácidas olas como queriendo acompañar su camino.
¡El callejón más verde, paseable y misterioso!
Después de un buen trayecto entre las grandes barcas, la enorme ciudad de Rostov se abrió paso de repente ante las mismas orillas del inmenso cauce azulado. Saltando a tierra firme de un tremendo brinco, el muchachito de madera corrió hacia su famoso centro y se encontró con un camino asombroso y literario: ¡la bellísima Pushkin Street de Rostov del Don! Eran kilómetros y kilómetros enteros de una calle llenísima de frondosos árboles larguísimos, estatuas súper poéticas asombrosas y mil banquitos de hierro labrado preciosos por donde centenares de ciudadanos paseaban y hablaban sin descanso al atardecer.
Pinocho de repente, recordando lo sumamente ancho y pacífico que era el curso de agua y lo tranquilo que se podía dormir viendo pasar esos grandísimos y artísticos paisajes esteparios de las orillas verdes, entonó una chulísima y divertidísima coplilla canalla:
«Ronqui-roncando feliz bien tumbadito en su cómodo almohadón,
Pinocho paseaba a sus anchas por todo el pacífico río Don»
Unos gatitos atigrados de las calles que jugaban perezosos en los altísimos setos del preciosísimo paseo ajardinado abrieron sus grandotes ojitos como platos, asintiendo a su cantar y enroscándose gustosamente entre el verde callejeo para buscar un buen lugar de siesta reparador bajo el sol.
¡Pitando hacia las grandísimas puertas del sur del mar!
Tras acariciar cariñosísimamente a la pandilla minina maulladora y despedirse muy amigablemente de todos los imponentes bustos literarios de gigantesca roca, se acomodó gustoso las bufandas y corrió de vuelta a su mágico flotador azul hasta acabar el recorrido infinito en el profundo asombro del grandísimo e histórico Mar de Azov.
Agarra de la mano a toda tu enorme imaginación y no dejes de explorar jamás ningún hermoso rincón recóndito y enmarañado del mundo, fiel amigo curioso de los libros, pues de las raíces literarias del hermoso mundo nace toda su gran magia sin parangón.
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
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