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  • El divertido paseo en maquinita por el increíble río Po

    El divertido paseo en maquinita por el increíble río Po

    ¡Rumbo al larguísimo río italiano!

    Con unas divertidísimas gafas de pirata y saltando de un puro brinco transalpino, el imparable y aventurero Pinocho regresó a su adorada Italia para recorrer una de las sendas acuáticas más impresionantes de todas: el inmenso río Po. Este gran coloso azul viaja cruzando el norte entero del país del revés al derecho para empujar despacito su agua a las costas del gran mar Adriático.

    Dejando aparcado los viejos botes de corcho aburridos, esta vez Pinocho se compró un gracioso barquito de chapa pequeñito, y surcó tranquilamente todo el agua divisando a un lado las orillas gigantes, los grandes campos de trigo inmensos repletos y unas vacas con las manchas como la nieve mirando el pasar.

    La gran ciudad elegante con el templo más mágico

    Llegado a una gigante metrópolis flanqueada muy cerca por los hielos relucientes de los grandes Alpes, se paró admirado a visitar en la enorme ciudad a la Catedral de Turín. ¡Es la iglesia principal de esa bellísima urbe! Pintada maravillosamente de colores piedra blanquísima por todos lados, luce una enorme torre puntiaguda campanario de ladrillos rojos preciosísimos y custodiada a pocos pasos de un viejísimo e impresionante palacio real que perteneció a un poderosísimo rey saboyano.

    Encantantado e impresionadísimo frente al sagrado gigantesco templo y con la imaginación ardiendo al fuego de muchísima inventiva para su diario mágico saltarín, encendió su navío pequeño de chapa por el agua y canturreó:

    «Soplando fuerte sobre una chimenea a todo vapor,
    Pinocho surcó valiente los increíbles canales del río Po»

    Los grandes niños pequeñitos italianos, entusiasmados viendo pitar con el agua chiquitín del barquito a cuerda al niño de madera simpático, acompañaron a zancadilla toda la inmensa estrofa echándole infinitas miguillas dulcísimas a todos los cisnes curiosos.

    ¡Pitidos hacia todas las aguas marineras!

    Dando un reverendo pitido despidiéndose rumboso a todos los muchísimos niños turistas de la explanada bellísima en la ciudad, giró el timoncito miniatura a estribor y el barquito emprendió la dulce caída maravillosa al este rebotando de chapuzón al mar cristalino azul.

    Lleva muchísimas asombrosas y pintorescas piezas juguetonas dentro las maletas contigo, viajerito incansable, que la maravilla acuática más divertida siempre está aún por asomarse.

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  • Pinocho y el estadio de los  gladiadores en el río Tíber

    Pinocho y el estadio de los gladiadores en el río Tíber

    ¡Rumbo al río que vio nacer al gran Imperio Romano!

    Con una toga de seda roja improvisada con una cortina, un casco de centurión con plumas y una espada de madera muy reluciente, el valiente Pinocho viajó hasta las eternas e históricas tierras de Roma, en Italia. Su destino era el río de las leyendas, el que vio cómo Rómulo y Remo fundaban una ciudad que conquistaría el mundo: el majestuoso río Tíber. Este cauce atraviesa la ciudad entre puentes de piedra milenarios y murallas que guardan los secretos de los antiguos emperadores.

    Para navegar por estas aguas rodeadas de columnas de mármol y aire de pura historia, Pinocho utilizó una sólida tabla de madera de pino perfectamente barnizada. Se subió a ella como un auténtico capitán de legión y, usando una vara de laurel como remo, comenzó a deslizarse por la corriente. El aire olía a pasta fresca, a piedra calentada por el sol y a libertad, mientras los turistas le saludaban desde los puentes con mucha curiosidad.

    ¡Un coloso de piedra y batallas de leyenda!

    Al llegar al corazón de Roma, Pinocho amarró su tabla-barca y corrió a conocer el imponente Coliseo. ¡Se quedó paralizado de asombro! Es un estadio de piedra gigantesco con cientos de arcos donde hace miles de años luchaban los gladiadores. Pinocho imaginó el rugido de los leones y el choque de los escudos mientras caminaba por la arena. Le pareció que las piedras amarillas del Coliseo eran como los dientes de un gigante dormido que recordaba la gloria del pasado.

    Pinocho caminó por las calles empedradas de los foros antiguos, admirando la altura de los templos y sintiéndose un poco hambriento por el calor mediterráneo. Sacó de su zurrón una guindilla muy picante que le habían regalado y, mientras probaba el fuerte sabor, cantó muy divertido:

    «Pescando una guindilla de picante chile,
    Pinocho navegó por el río Tíber»

    Unas palomas que estaban descansando en lo alto de uno de los arcos del Coliseo soltaron un graznido que pareció una risita alegre al ver al muñeco con su «chile» tan picante en mitad de Italia. Los centuriones que se visten para hacerse fotos en la plaza soltaron una carcajada muy alegre al ver al pequeño legionario de madera, mientras el río Tíber brillaba bajo el sol celebrando que trajera a un navegante con tanto picante e imaginación a su ciudad de piedra milenaria.

    ¡Navegando entre cúpulas hacia el mar Tirreno!

    Tras despedirse de los muros del Coliseo y guardar una piedra de mármol blanco en su zurrón, Pinocho retomó el curso del Tíber. Todavía tenía que pasar por delante de la cúpula de San Pedro y saludar a los barcos de Ostia antes de fundirse con las aguas azules de nuestro mar. ¡Qué de fuerza y de nobleza guardan las tierras italianas!

    Aprende siempre a disfrutar de los sabores intensos de la vida, querido explorador, ¡porque igual que Pinocho encontró el picante del chile frente al gran Coliseo, tu propia vida será una historia maravillosa si sabes ponerle pasión, respeto por la historia y mucha alegría a cada paso que das por el mundo!

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