¡Rumbo al río que nace en las nieves más altas de España!
Con unas babuchas doradas y un turbante improvisado hecho con una toalla de colores, el siempre imaginativo Pinocho viajó hasta la maravillosa Andalucía para navegar por un río con un origen espectacular: el precioso río Genil. Este cauce nace nada menos que en las cumbres nevadas de Sierra Nevada, la cordillera más alta de toda la Península Ibérica, ¡y baja a toda velocidad llevando consigo el agua del deshielo más pura y cristalina que te puedas imaginar!
Deslizándose sobre un viejo lebrillo de barro que le prestó una abuelita granadina, Pinocho iba viendo cómo a su alrededor el paisaje cambiaba de la nieve blanca de las cumbres a los almendros en flor y los olivos plateados que llenaban los valles de un olor dulcísimo.
¡El palacio de los mil y un sueños!
Al pasar por la inmensa y luminosa ciudad de Granada, Pinocho alzó los ojos hacia una colina roja cubierta de cipreses oscuros y se le paró el corazón. Allí arriba, brillando como un cofre del tesoro bajo el sol andaluz, se extendía la impresionante Alhambra de Granada. ¡Era el palacio más bonito que había visto en todas sus aventuras por todo el planeta! Sus murallas rojas se levantaban como las paredes de una ciudad encantada, y al entrar por sus puertas descubrió patios con fuentes que cantaban, arcos decorados con miles y miles de tallitas diminutas en yeso que parecían encajes de novia, techos pintados de estrellas doradas y jardines secretos donde los arrayanes perfumaban el aire.
Pinocho se sentó al borde del famoso Patio de los Leones, con sus doce leones de mármol blanco sosteniendo una fuente, y se quedó hipnotizado mirando cómo el agua resbalaba silenciosamente por los canalitos del suelo. Tan emocionado estaba que sacó algo redondo de su mochila y canturreó suavecito para no romper la magia del lugar:
«Llenando de agua fresquita su viejo y fiel barril,
Pinocho brindó por las maravillas del río Genil»
Los doce leones de piedra del patio parecieron sonreír levemente con sus bocas de mármol, y las golondrinas que volaban entre los arcos moriscos trazaron piruetas altísimas en el cielo como celebrando el brindis del niño de madera más viajero del mundo.
¡Deslizándose entre olivares hacia el gran Guadalquivir!
Con su barrilito lleno del agua más pura de Sierra Nevada y los ojos todavía brillantes por tanta belleza mora, Pinocho bajó corriendo las cuestas de la Alhambra y saltó de vuelta a su lebrillo flotante. El río Genil aún tenía que cruzar kilómetros y kilómetros de olivares y campos de girasoles antes de fundirse con el gran Guadalquivir en las llanuras de Córdoba.
Detente siempre a escuchar el agua de las fuentes antiguas, querido explorador soñador, ¡porque en su murmullo secreto se esconden los cuentos más bellos que contaron los reyes de hace mil años!
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
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