¡Rumbo al río de los plátanos gigantes y los volcanes dormidos!
Con una camiseta de rayas amarillas y negras y unas ganas inmensas de hacer nuevos amigos peludos, el incansable Pinocho viajó hasta las preciosas tierras de Girona, en Cataluña, para seguir el curso de un río que nace entre volcanes apagados y baja cantarín hasta el mismísimo mar Mediterráneo: el encantador río Ter. Este cauce fresquito cruza pueblecitos medievales de piedra gris, campos de girasoles enormes y bosques de ribera tan frondosos que el sol apenas consigue colarse entre las hojas.
Navegando a bordo de una cáscara de nuez enormísima que encontró debajo de un nogal centenario, Pinocho remaba tranquilito cuando notó un cosquilleo raro dentro de su bolsillo. Al meter la mano, ¡sacó un diminuto y regordete hámster dorado que se había colado dentro mientras dormía en el último pueblo!
¡Un bosque de gigantes verdes y una escalinata de película!
Pinocho y su nuevo pasajero clandestino llegaron flotando hasta la majestuosa ciudad de Girona. Lo primero que descubrieron al saltar a tierra fue el impresionante parque de la Devesa: ¡un bosque urbano alucinante con los plátanos más altos y más gordos de toda España! Eran árboles tan inmensamente grandes que sus copas formaban un techo verde cerradísimo por el que no pasaba ni una gota de lluvia. El hamstercito se volvió loco correteando entre las raíces como si fuera su parque de atracciones particular.
Después, subieron juntos las calles empedradas de colores hasta llegar a la grandiosa Catedral de Girona. Pinocho se quedó paralizado mirando la escalinata más famosa del mundo: ¡noventa peldaños de piedra enormes que subían hasta la fachada más ancha de todas las catedrales góticas del planeta! Era tan cinematográfica que allí mismo se rodaron escenas de la famosísima serie Juego de Tronos. El hamstercito le tiraba del pantalón para que subieran corriendo, y Pinocho canturreó jadeando escalón tras escalón:
«Subiendo los noventa escalones con su compañero el hámster,
Pinocho conquistó las alturas de la catedral del río Ter»
Al llegar arriba, los dos amiguitos se tumbaron exhaustos en el último peldaño con la lengua fuera. Las palomas de la catedral aterrizaron a su alrededor curiosísimas, y el hámster se hizo una bolita dorada dormida al solecito mientras Pinocho contemplaba desde lo alto las casitas de colores colgadas sobre el río Onyar, que brillaban como caramelos.
¡Rodando cuesta abajo hasta el mar!
Tras recuperar el aliento y meter al hamstercito dormilón de vuelta en el bolsillo del chaleco, Pinocho bajó los noventa escalones a saltitos, volvió a su cáscara de nuez y dejó que el Ter le llevara a toda velocidad entre arrozales y últimos pueblecitos de pescadores hasta fundir sus aguas con el azul infinito del Mediterráneo.
Deja siempre un huequito en tu bolsillo para los amigos inesperados, querido explorador de corazón grande, ¡porque los compañeros de viaje más pequeñitos son muchas veces los que hacen las aventuras más gigantescas!
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
¿Te ha gustado esta historia? Descubre todos los ríos del mundo en la colección oficial.
📚 Ver y comprar libros completos en PDF