¡Rumbo al inmenso y alegre río de Colombia!
Dando un saltito lleno de ritmo y color, el muñequito de madera más atrevido del mundo, Pinocho, decidió cruzar todos los mares para bañarse en las soleadas aguas de Sudamérica. Con una inmensa sonrisa llegó al conocidísimo río Magdalena, ¡el verdadero corazón líquido de toda Colombia entera! Es un río kilométrico que riega miles de selvas, montañas altísimas y pueblecitos repletos de la música más bailonga de la Tierra.
Dejándose querer y flotando graciosamente boca arriba sujeto a un viejo cocotero, Pinocho escuchaba el dulce y asombroso chapoteo de los curiosos caimanes, que asomaban tímidamente sus perezosos ojitos por encima del agua azuladísima mientras escuchaba tambores a lo muuuy lejos.
Una iglesia moderna llena de infinitas lucecitas de colores
Llevado por la sabrosísima y gigante corriente rítmica, llegó a la gigantesca y maravillosa ciudad de Barranquilla. Buscando el origen de tanto color de cuento precioso, frenó en la gran orilla del río y se subió apresurado a la explanada para maravillarse con una iglesia súper rarísima e inmensa: ¡la gigantesca y modernísima Catedral metropolitana de Barranquilla! Sus formidables techos cruzados y todos aquellos grandototes y puntiagudos cristales «vidrieras», coloreaban absolutamente toda la enorme catedral, tiñendo el sol de color caramelo multicolor y arrojando lucecitas de arcoíris por toda la alegre y rumbosa explanada.
Tan contagiadísimo por aquel tremendo sol y aquel rimbombante ambiente sabrosísimo, que Pinocho se puso hojas grandotas de palmera en la cabeza simulando tener muchísimo pelo tropical y se arrancó cantando y roncando:
«Sacudiendo muy contento su graciosa y veraniega melena,
Pinocho rió a inmensas carcajadas bajando el río Magdalena»
Varios papagayos inmensos, preciosísimos y multicolores bajaron rapidísimo revoloteando por la altísima plaza bañada de hermosos rayitos multicolor bailoteando entre aplausos, picoteando el sombrerito para unirse a ese fantástico compás.
¡Rumbo hacia el gigantesco mar bailongo!
Tras frotarse asombradísimo los ojitos y coger por puñados las chulísimas plumas y sonrisas de la ciudad sabrosa tropical, nuestro incansable muñequito saltó devuelta rapidísimo a chofetear para seguir bañando todas las mágicas rumbas que el gran país colombiano escondía hasta llegar al salado Caribe.
Haz como él y no te canses nunca de poner un pasito caribeño de baúl de barco grande a todos tus nuevos viajes, amigo de grandes sonrisas, que a los tristes cocodrilos jamás de los jamases les sonreirá el colorido Caribe.
🎒 ¡Sigue viajando con Pinocho!
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